NO ES PAZ, ES SILENCIO

Hoy más que nunca, frente a esta pandemia, se hace evidente que estamos interconectadas e interconectados. Es momento de armar red, de reaprender y contenernos lxs unxs a lxs otrxs, de identificarnos con lo que nos une como seres humanos y no con lo que nos separa.

De acuerdo con ONU Mujeres, en la mayoría de los países que cuentan con datos al respecto, menos del 40 por ciento de las mujeres que sufren violencia buscan algún tipo de ayuda. Entre las mujeres que lo hacen, la mayoría recurre a la familia y a amistades, y muy pocas confían en instituciones y mecanismos oficiales, como la policía o los servicios de salud. Menos del 10 por ciento de aquellas mujeres que buscaron ayuda tras haber sufrido un acto de violencia lo hicieron recurriendo a la policía. Asimismo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) de 2019, solo 6.3% de las mujeres y niñas violentadas denuncian en México.

Las mujeres y niñas violentadas son muy vulnerables porque su voluntad se ve anulada y necesitan de apoyo externo para poder abrirse al camino de la denuncia y poner fin a la relación con su agresor. Es así como muchas mujeres no reconocen ni son conscientes que está siendo violentadas (“me pega normal”), y a este escenario se suma la normalización de la violencia contra las mujeres y niñas, y la subestimación de sus dimensiones e impactos (como el dicho popular: “esa es la cruz que escogiste, ahora aguántate”), saberes representativos de los contextos históricos y culturales de las sociedad, que se ve reflejada en la actuación tanto de las instituciones de atención/apoyo como de amigxs o familiares de la víctima, generándose así una cultura de impunidad no sólo legal e institucional, sino también social.

Entonces pues, uno de los primeros pasos para trabajar la violencia contra mujeres es que éstas tomen conciencia de están siendo violentadas y de que eso no es normal. Una red de apoyo puede empoderar a una mujer desde el cuidado, la compañía, y el saber compartido con otras personas. Ante este contexto, la persona que ejerce violencia no ve a la mujer tan vulnerable ni sola y, por esto, muchas veces regula sus acciones.

Espacios de mujeres construidos a través de la metodología de círculos de paz juegan un papel de suma relevancia en este proceso, uno de sus elementos transformadores es que las mujeres puedan mirar hacia adentro y conectar con sus sentimientos y sus necesidades, en compañía de otras mujeres, en condición de igualdad y equilibrio, sintiendo así su fuerza y apoyo, y fungiendo muchas veces este espacio hasta como hogar transitorio de acogida para una mujer violentada. Esta metodología ha demostrado que el trabajo en red desde las comunidades, a partir del diálogo, permite la consolidación, recuperación o transformación de prácticas de convivencia pacífica en la cotidianidad de las poblaciones.

En este espacio seguro para el diálogo y la escucha activa, bajo un esquema de construcción conjunta de valores, las mujeres reconocen su voz y reconstruyen su autoestima, pueden compartir sin miedo y en un ambiente de respeto, testimonios, intercambiar ideas, sanar y desarrollar resiliencia, al mismo tiempo que se sienten vistas, escuchadas, reconocidas y aceptadas al momento de decir su verdad, pues descubren que su historia se refleja en las historias de otras (más allá del camino que han transitado, edad, origen étnico, nivel socioeconómico), se evidencian los discursos y prácticas que sustentan la violencia, asumiendo así que no son las únicas, dejan de estar solas y de sentirse juzgadas unas de otras.

El círculo de paz entre mujeres implica el desarrollo de competencias más allá del saber, pues se logra el fortalecimiento del ser y hacer individual y colectivo. Se crea un ambiente que protege y propicia dinámicas que facilitan la transformación de cada una de las mujeres que forman parte del círculo, pues se nutren de la riqueza de la vivencia colectiva de ser mujer, y permite que las integrantes cultiven su voz y mirada amorosa hacia todo su ser, en especial aquellas partes que habían quedado en la sombra o habían sido silenciadas.

Siento y considero que, en este momento complejo y desafiante, si no logramos descifrar cómo relacionarnos, cultivar el cuidado y la interconexión, seguiremos padeciendo un mundo donde predomina la violencia, la dominación, la falta de solidaridad, la represión de emociones; y donde se deja de lado la evolución, la empatía, la colaboración, el sentido de comunidad, justicia y amor. La transformación interna está profundamente interrelacionada con el cambio social. ¿Cuál será tu actuar en la construcción de una comunidad más igualitaria, de paz y que garantice un mundo libre de violencia para todas y todos?

Autora: Gardenia Lemmen-Meyer Valero

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