Cambio climático y género : entre la justicia climática y el futuro que elegimos

Los impactos en la vida y experiencias de aquellos afectados por el cambio climático han evidenciado la imperante necesidad de modificar como operan nuestras sociedades. El cambio climático trae consigo cambios materiales y desequilibrios en relaciones de poder que incrementan el daño ambiental y profundizan las desigualdades sociales. Como consecuencia, aquellos con ventajas políticas y materiales pueden construir un futuro a prueba de efectos del cambio climático, mientras que las poblaciones en desventaja y vulnerables se ven expuestos a la peor parte de estos efectos.

El acuerdo de Paris (2015) tuvo como finalidad fortalecer la respuesta mundial ante el calentamiento global para limitar el aumento en la temperatura global por debajo de los 2 grados Celsius. Políticamente el acuerdo logró, por primera vez en la historia, unir a las naciones en un esfuerzo común para no solo combatir el cambio climático sino generar políticas de adaptación a sus efectos mediante la implementación de un sistema de apoyo que busca asegurar los fondos financieros, nuevas tecnologías y marcos de creación de capacidades para apoyar a las naciones más vulnerables. Los impactos diferenciados del cambio climático se reflejan en las diferencias existentes entre aquellos países con mayor capacidad de influir cambios en política pública y aquellos sin ese poder.

La justicia climática “reconoce la responsabilidad humana por los impactos de las emisiones de gases de efecto invernadero para aquellas personas más pobres y vulnerables de la sociedad, con la finalidad de enfrentar las desigualdades y promover enfoques transformativos que actúen en contra de la raíz de las causas del cambio climático” (Meikle et al., 2016:497). El Acuerdo representa un adelanto hacia la justicia climática debido a que incluyó compromisos de los grandes emisores de gases de efecto invernadero y permitió que cada nación determinara metas nacionales viables de acuerdo a su realidad, además de conformar un sistema de aporte para las naciones más afectadas por los efectos adversos del cambio climático.

Ligada a la idea de impactos diferenciados del cambio climático, en la última década el slogan “no climate justice without gender justice” (Sin justicia de género no hay justicia climática) ha sido utilizado para crear consciencia de la importancia del género en relación al cambio climático. De acuerdo con Perkins (2018), las injusticias climáticas distributivas, procedimentales e intergeneracionales están profundamente relacionadas con el género debido a los roles biológicos, sociales, culturales, etc., que las mujeres representan en la sociedad. Al tratarse de la mitad de la humanidad, los desproporcionados impactos del cambio climático en las mujeres deben ser enfrentados con una perspectiva de igualdad. Pero, ¿cómo se relaciona esto con el ‘futuro que elegimos’?

Recientemente, Christiana Figueres y Tom Rivett-Carnac[1] publicaron el libro denominado “El futuro que elegimos” donde nos invitan a reflexionar sobre el impacto que nuestro modo de vida, caracterizado por la persecución del crecimiento económico, tiene en el medio ambiente.

“Queremos que sepan dos cosas. Primero, que aún tenemos la capacidad de elegir sobre nuestro futuro y cada acción tomada hacia el futuro cuenta. Segundo, que somos capaces de hacer las elecciones correctas sobre nuestro destino. No estamos destinados a un futuro de devastación y la humanidad es capaz de responder a los grandes problemas, si actuamos ahora.[2]” (Figueres y Rivett-Carnac, 2020:124)

Proponen diez áreas de acción como estrategia para disminuir las emisiones y generar una sociedad global más resiliente, las cuales, no se relacionan únicamente con la eliminación de los combustibles fósiles o la investigación de mejores tecnologías, sino la construcción de un sistema económico más justo que incluya mayor acción política para impulsar la transformación de nuestras prioridades y crear un futuro que nos permita prosperar de manera conjunta.

La novena acción planteada se refiere a la construcción de la igualdad de género. Explican que asegurar que las mujeres tengan un rol igualitario en la toma de decisiones de todos los niveles familiar, comunitario, profesional y gubernamental, es un tema de supervivencia. La visión de los autores en cuanto a igualdad de género se centra en las mujeres y afirman que “cuando las mujeres dirigen, cosas buenas suceden” puesto que tienen un estilo de liderazgo más abierto y sensible a diferentes puntos de vista; características esenciales para responder a la crisis climática de manera colaborativa. Exponen que la discriminación basada en género se refleja en actitudes como la sobreestimación del desempeño masculino y subestimación del femenino en sectores como la industria, siendo su característica más evidente, la brecha salarial, de la cual las mujeres son conscientes, mientras que los hombres la descartan.

En este sentido, si bien es importante generar las condiciones para el reconocimiento e inclusión igualitaria de las mujeres, la igualdad de género requiere de un enfoque más completo que transforme las estructuras que crean y perpetúan desigualdades y roles basados en género. Por otro lado, un enfoque sesgado puede llevarnos a una visión esencialista donde se atribuyan cualidades inherentes al género que fortalezcan la construcción social de estereotipos que limiten el despliegue pleno de los recursos humanos que enriquecen una sociedad.

Es pues, esencial que reconozcamos que existe un desbalance de poder y de toma de decisiones que a veces está sustentado, en un sesgo estructural inconsciente que impacta a mujeres y hombres. Según Figueres y Rivett-Camac, el elemento más importante de la equidad de género, además de su capacidad moral, es la oportunidad que brinda a la humanidad para co-crear un mundo que se regenere en el que todos podamos prosperar. Se asume que un mundo con igualdad de género sería muy similar al actual, pero con un balance mayor en temas de género, sin embargo, los autores exponen que la verdadera igualdad se vería muy distinta.

Es importante resaltar que la mera participación de las mujeres no es acción suficiente para incrementar la igualdad de género, es importante también considerar las barreras que limitan la participación significativa y el balance efectivo de las relaciones de poder entre los géneros.

Aunque “El futuro que elegimos” presenta argumentos claros, identificables y accesibles, en cuanto a igualdad de género, quedan algunos pendientes. Por ejemplo, es importante recalcar que el cambio climático impacta a hombres y mujeres. Sin embargo, estos impactos se experimentan de manera diferenciada debido a los roles determinados por las normas culturales, la división laboral basada en género, o las estructuras sociales basadas en relaciones de poder desiguales. Enfocarnos únicamente en la participación de las mujeres puede resultar peligroso pues podría llevarnos a representar a las mujeres como víctimas, actores sustentables virtuosos o cuidadoras comunitarias, en lugar de generar un verdadero cambio en los roles sociales que permita empoderarlas como actores de cambio. Para alcanzar la justicia climática, es necesario trabajar para asegurar la igualdad de género. Tomar en cuenta la influencia de categorías socialmente construidas como son la clase, etnia, edad, orientación sexual, etc., y su interacción, permitiría avanzar hacia una verdadera igual de género “sin dejar a nadie atrás[3]”.

Autora: Paulina González Martínez

Twitter: @paugoma

Candidata a doctora en Desarrollo Internacional y maestra en Desarrollo Internacional y Medio Ambiente por la Universidad de Edimburgo. Cuenta con más de quince de años de experiencia profesional en el sector público mexicano y, actualmente, es coordinadora de desarrollo, cambio climático y género en Gender Issues.

Referencias:

  • Dugaroa, E. (n.d.). Gender Equality as an Accelerator for Achieving the Sustainable Development Goals. 91.
  • Figueres, C., and T. Rivett-Carnac. (2020). Surviving the Climate Crisis. New York, NY: Alfred A. Knopf.
  • Meikle, M., Wilson, J., Jafry, T., (2016). Climate justice: Between mammon and mother earth. International Journal of Climate Change Strategies and Management 8, 488–504.
  • Perkins, P. (2018). Climate justice, gender and intersectionality. En Jafry, T. (Eds.), Routledge Handbook of Climate Justice (pp. 349-358) (1st ed.). Routledge.
  • https://unsdg.un.org/es/2030-agenda/universal-values/leave-no-one-behind

[1]Ambos considerados personajes fundamentales en la construcción del Acuerdo de Paris: Figueres fungió como Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2010 a 2016. Rivett-Carnac se unió al equipo de Figueres en 2013 como Asesor Político. Fundadores de la organización Global Optimisim, para más información: https://globaloptimism.com/

[2] Traduccion propia.

[3] No Dejar a Nadie Atrás es la promesa central y transformadora de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible.

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