La perspectiva de género en las transiciones energéticas

Imaginemos que nos encogemos hasta alcanzar dimensiones subatómicas, alojándonos en algún tramo de la intricada red eléctrica. Desde esta posición privilegiada podríamos observar millones (¡o millones de millones!) de electrones, cada uno como automóviles transitando por las autopistas y caminos que componen las redes de transmisión y distribución eléctrica en camino de alimentar de energía las casas, calles y negocios. Dentro de este caos vial nos resultaría imposible diferenciar cuales electrones han sido generados a través de fuentes limpias, ya que estos son virtualmente idénticos a los producidos por fuentes fósiles como gas, carbón o petróleo. De esta manera, la energía eléctrica, medida en kilowatts hora (kWh), que consume un foco no diferencia entre fuentes limpias o fósiles, por lo cual desde este punto de vista se podría argumentar que el hecho de que los electrones sean producidos por fuentes renovables (i.e. solar o viento) o fósiles (i.e. gas o carbón) es irrelevante.

Sin embargo, este argumento simplista de equivalencia entre electrones limpios y fósiles nos llevaría a desconocer las raíces de las transiciones energéticas que pretenden migrar nuestros sistemas energéticos hacia tecnologías de generación bajas en carbono, como las renovables, para mitigar los impactos del cambio climático (UNFCCC, 2015). Esta revolución energética baja en carbono se ve reflejada a manera global por las nuevas adiciones de capacidad de generación eléctrica renovable, que desde el 2014 han superado año con año a las adiciones fósiles (REN21, 2019). Estos datos ilustran el proceso que, como humanidad, hemos experimentado durante las últimas décadas para comprender que la energía producida por fuentes fósiles y renovables conlleva impactos ambientales y sociales diferenciados que marcan la diferencia entre una crisis climática global y la sustentabilidad energética. De tal manera, durante los últimos años, estos flujos de electrones “limpios” han adquirido una importancia crucial para asegurar justicia ambiental y climática para las generaciones actuales y futuras.

Regresando a nuestra posición como observadores microscópicos probablemente también apreciaríamos que los electrones fluyendo por las autopistas y caminos de la red eléctrica son ajenos a conceptos sociales como roles de género, identidad o relaciones de poder. Sin embargo, basándonos en la anterior discusión sobre las consecuencias de invisibilisar o desconocer las dimensiones ambientales de los sistemas energéticos (i.e. electrones renovables o fósiles), podríamos intuir que algo similar sucede con la dimensión social. En efecto, el enfoque de la discusión cambia al considerar la naturaleza socio técnica (Jenkins et al., 2018) de los sistemas energéticos, entendiéndolos como una combinación de elementos técnicos y sociales. Conceptualizar los sistemas energéticos como entes socio técnicos nos permite comprender que, aunque los electrones se rigen únicamente por principios físicos, las instituciones, políticas, normas culturales y contextos geográficos, sobre los que operan los sistemas energéticos, encargados de producir, regular y distribuir dichos electrones, están fuertemente ligados al mundo donde rigen los conceptos sociales.

A manera de ejemplo podemos analizar el caso de un kWh de electricidad, energía que sirve para mantener encendido un foco incandescente de 100 watts por alrededor de 10 horas. por sí mismo este kWh y las diez horas de iluminación están desligados a conceptos sociales, como género. Sin embargo, si ese kWh es producido por un sistema solar que alimenta un foco colocado en un camino aislado como parte de una política pública de movilidad segura para mujeres, se convierten en herramientas para resolver problemáticas sociales, ligándose de manera inmediata a las discusiones existentes sobre género, interseccionalidad y servicios energéticos (Datta and Ahmed, 2020). Este flujo de electrones también se liga a conceptos como la igualdad de género al conocer que los sistemas energéticos que los producen emplean solo 22% de trabajadoras en el caso de las tecnologías fósiles y 32% en caso de las renovables (IRENA, 2019).

Partiendo de estos ejemplos, podemos ilustrar la importancia que tienen conceptos sociales como el de género para una transición energética justa y equitativa. Dichas transiciones han sido movilizadas principalmente por ideales de justicia ambiental y climática, produciendo cambios estructurales que apuntan a la sustitución de energías fósiles por sus contrapartes renovables y bajas en carbono en pos de un futuro más sustentable. Sin embargo, esta transición energética global movilizada por ideales ambientales es paralela a debates de justicia social en lo que se discute en academia como una cuarta ola del feminismo (Munro, 2013). La primera ola del feminismo (1910-1920) abrió el camino para que las mujeres accedieran a la capacidad de votar; la segunda (1960-1980) luchó contra estructuras de poder sexistas, dándole nuevos significados a la identidad y el valor de la mujer fuera del ámbito doméstico, como participantes en las actividades productivas de la sociedad; mientras que la tercera ola (1990-2000) se enfocó en las micropolíticas que causan las desigualdades de género en diferentes contextos. La actual cuarta ola del feminismo se caracteriza por un fuerte activismo potenciado por el uso de plataformas y tecnologías digitales para exigir la transición de un sistema patriarcal a uno donde exista igualdad entre todos los seres humanos sin importar género, etnia, religión o clase (Blevins, 2018). Dentro de este contexto, incluir una perspectiva de género a la transición energética abre también oportunidades para depurar los nuevos sistemas energéticos de injusticias, heredadas por procesos históricos y culturales, que obstaculizan la participación igualitaria de mujeres y otros actores en los sistemas energéticos.

Una mayor inclusión de las mujeres en los procesos de transición energética significa incorporar a este crucial proceso más de la mitad de las mentes, experiencias de vida y habilidades en este planeta, aumentando drásticamente nuestras oportunidades como especie para responder de manera efectiva y eficiente al reto de generar sistemas energéticos más justos y sustentables. Al mismo tiempo, dicha inclusión se traduciría también en una potencial mejoría en las condiciones de las mujeres alrededor del mundo, al tener en cuenta soluciones de energía que integren las diversas problemáticas sociales ligadas a género. Algunos ejemplos de estas problemáticas son una pobreza energética que afecta mayoritariamente a las mujeres, impactos a la salud relacionados con el uso de biomasa en el ambiente doméstico, así como restricciones para acceder a fuentes de financiamiento, capacitación, así como fuentes de trabajo y oportunidades de emprendimiento

Si pudiéramos regresar a nuestro privilegiado puesto de espectadores microscópicos después de haber explorado las diferentes maneras en las que la energía se relaciona con atributos de sustentabilidad y género, tal vez nos preguntaríamos si los millones de electrones que recorren las autopistas y caminos de la red eléctrica son realmente idénticos como aparentan; si han sido generados por tecnologías renovables, o por una empresa que promueve la inclusión de la perspectiva de género. La transición energética actual no solo representa un vehículo para solucionar problemáticas históricas de dimensiones ambientales, sino que representa también un vehículo para contribuir a remediar inequidades e injusticias creadas por desbalances históricos de poder entre géneros. Es necesario, por lo tanto, que los flujos de electrones que satisfagan las necesidades energéticas de generaciones futuras sean bajos en carbono y altos en perspectiva de género.

Autor: Adolfo Mejía Montero 

Estudió física en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una maestría en sistemas de energía sustentable en el colegio de ingeniería de la Universidad de Edimburgo, Reino Unido. Actualmente es candidato a doctor por la misma Universidad de Edimburgo donde explora temas de energía renovable y transiciones energéticas desde una perspectiva interdisciplinaria con énfasis en las ciencias sociales. Entre los proyectos de investigación en los que Adolfo ha participado es posible mencionar la investigación sobre materiales para celdas fotovoltaicas (CONACyT), energías renovables y compatibilidad territorial en Europa (Agencia de Cooperación en Ciencia y Tecnología Europea), energía eólica distribuida y desarrollo socio-económico en Oaxaca (Instituto de Electricidad y Energías Limpias) y sistemas locales e inteligentes de energía (Universidad de Strathclyde). De igual manera, Adolfo cuenta con un par de años de experiencia como consultor en proyectos de energía renovable distribuida y comunitaria, tanto en México como en Reino Unido. Actualmente, Adolfo se desempeña como desarrollador y facilitador de cursos para la maestría en Energía, Sociedad y Sustentabilidad de la Universidad de Edimburgo, así como consultor independiente en diversos proyectos interdisciplinarios de energía. 

Referencias

Blevins, K. (2018) ‘bell hooks and Consciousness-Raising: Argument for a Fourth Wave of Feminism’, in Vickery, J. R. and Everbach, T. (eds) MEDIATING MISOGYNY: GENDER, TECHNOLOGY & HARASSMENT. 1st edn. Cham, Switzerland: Palgrave Macmillan, pp. 91–108. doi: 10.1007/978-3-319-72917-6_7.

Datta, A. and Ahmed, N. (2020) ‘Intimate infrastructures: The rubrics of gendered safety and urban violence in Kerala, India’, Geoforum. Elsevier, 110(May 2019), pp. 67–76. doi: 10.1016/j.geoforum.2020.01.016.

IRENA (2019) Renewable energy: A gender perspective. Available at: https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2019/Jan/IRENA_Gender_perspective_2019.pdf.

Jenkins, K., Sovacool, B. K. and Mccauley, D. (2018) ‘Humanizing sociotechnical transitions through energy justice : An ethical framework for global transformative change’, Energy Policy. Elsevier Ltd, 117(February), pp. 66–74. doi: 10.1016/j.enpol.2018.02.036.

Munro, E. (2013) ‘Feminism: A Fourth Wave?’, Political Insight, 4(2), pp. 22–25. doi: 10.1111/2041-9066.12021.

REN21 (2019) Renewables 2019, Global Status Report. Paris. doi: 10.3390/resources8030139.

UNFCCC (2015) Paris Agreement, Yaoxue Xuebao. Paris. Available at: https://unfccc.int/sites/default/files/english_paris_agreement.pdf.

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