Humanes todes al final

En Gender Issues nos importa darles difusión a temas importantes que afectan a nuestra sociedad y voz a aquellas personas que tienen las herramientas y conocimientos para informar. En esta ocasión, invitamos a Rebeca Guerra a escribir en nuestro blog sobre diversas cuestiones relacionadas con educación sexual sobre las cuales hay aún mucha desinformación. Ella es encargada del componente Educación Integral en Sexualidad y Género del programa Construye T, dentro de la Subsecretaría de Educación Media Superior; asimismo está cursando la Maestría en Sexología Educativa en el Instituto Mexicano de Sexología A.C.

Twitter de la autora: @BeckahGuerra

  1. ¿Cuándo se forma la identidad de género?

Primero que nada, hay que dejar claro que la identidad de género no se enseña ni se aprende, es algo que se va manifestando y descubriendo. La identidad de género es una experiencia psicológica subjetiva de si la persona se asume  mujer u hombre, independientemente de las características sexuales que la acompañen.[1] Cómo se percibe alguien y cómo vive su realidad de acuerdo a su género no debería ser cuestionado en lo más mínimo, es algo REAL, tan real como cuando tomas agua de limón y te sabe a limón, porque así es la realidad que tú vives. Que queramos luchar contra los estereotipos y cómo estos nos encasillan o nos generan prejuicios, esa es otra historia.

Si bien, todavía no hay una exactitud de en qué momento exacto se forma esta identidad de género, Alvarez-Gayou y Millan consideran que se forma desde la época prenatal hasta el primer año, algunas otras personas señalan que es hasta los tres años. Lo que sí sabemos es cuando la persona puede hablar, logra expresar esta identidad; y así como las personas cis tienen la capacidad de apropiarse de su identidad y enfrentarse así al mundo, las infancias trans deberían tener este mismo derecho.

2. ¿Qué pasa cuando la identidad no coincide con el sexo asignado y la problemática de hablar sólo de dos sexos?

El binarismo de género (y en general todo lo binario, en mi opinión) nos ha traído muchos problemas, queriendo encasillar a las personas en pequeños cuadritos, blanco o negro, como si fuéramos un código de computación. Pero somos seres humanos y afortunadamente somos únicos e irrepetibles, es decir, existe una diversidad inmensa y tantas combinaciones como se pueda imaginar. Este sistema nos indica que las personas nacidas con características sexuales masculinas, deben ser hombres y además estar atraído a las mujeres y vice versa. Está es una visión meramente biológica, para la reproducción de la especie, no una que abrace la diversidad humana y sus múltiples facetas.

Entonces, cuando una identidad de género no coincide con la de los órganos sexuales exteriores (aunque es importante recalcar que existen otras dimensiones que conforman el sexo como hormonas, cromosomas, etc. pero raramente se ven) a la gente le causa un shock enorme porque no pueden ponerlo dentro de esta casilla mental.

Nos cuesta pensar que se puede disfrutar y desarrollarse plenamente con una identidad humana y no una creada para la génesis (de ahí la palabra genitales).

3. ¿Cuándo comienza la atracción por otras personas?

Al igual que la identidad de género, es algo que se va descubriendo poco a poco. No hay una edad exacta en la cual se nos dé una respuesta y, de hecho, es muy probable que sigas descubriendo cosas o situaciones que te atraigan en la adultez. El inicio de este hallazgo de preferencia genérica comienza a los 11 o 12 años, según algunas personas expertas, aunque a medida que cambia la cultura y la sociedad, esta también está sujeta a cambios.

4. ¿Qué es la “Preferencia Genérica”?

Se busca hacer la transición del concepto orientación sexual al de preferencia genérica, ya que la primera no considera una atracción que no sea sexual. Lo que realmente nos atrae de una persona son sus aspectos fenotípicos y externos, lo que la caracteriza de un género u otro y no sus características sexuales integrales (fórmula cromosómica, gónadas, niveles hormonales, órganos sexuales internos o externos).

Si nos atrae alguien en la calle o en un bar no tenemos rayos X para ver debajo de su pantalón, ni para hacer un test hormonal.

Además, las personas que aún no tienen o no desean tener experiencias eróticas (una persona asexual, una monja, un adolescente, etc.) también sienten atracción y una preferencia genérica. “Entendiendo el término preferencia como una inclinación natural y no como un proceso necesariamente voluntario de análisis, selección y decisión.”[2]

Esto no quiere decir que la preferencia genérica sea estática.

5. ¿Por qué no es estática nuestra preferencia genérica?

Alfred Kinsey, fue uno de los primeros en concebir la sexualidad como una gama en vez de una estricta dicotomía, del binario que tanto hablamos que hace daño. “Para clasificar esta gama de heterosexualidad y homosexualidad, Kinsey et al. (1948) creó una escala de siete puntos de clasificación que abarca desde exclusivamente heterosexual a exclusivamente homosexual.”[3]

La gráfica[4] nos muestra desde el 0, las personas que se consideran exclusivamente heterosexuales, hasta el 6, las personas que se consideran exclusivamente homosexuales. El 3 se considera una persona bisexual y podemos ver que hay números entre estos nombres que típicamente conocemos. Puede que un día nos consideremos en cierto punto, pero conforme nos vamos conociendo y vamos aprendiendo de lo que nos gusta, esto puede ir cambiando; o por ejemplo, también se vale que llegue alguien inesperado que nos mueva el tapete y  tal vez nos movamos de un numerito a otro. No es tan estricto como heterosexual, homosexual o bisexual. A esto nos referimos a que la preferencia genérica no es permanente, ni estática y tiene diferentes dimensiones.

Una gráfica más actual y comúnmente conocida es la de genderbread person[5], en la parte de atracción sexual y atracción romántica nos muestran dos líneas en las cuales nuestro “puntito” podría estar en cualquier gama tanto de una, como de la otra línea, esto quiere decir que son infinitas las posibilidades de variación:

También, Alvarez-Gayou Jurgenson tomó el modelo de Kinsey e hizo algunos avances sobre el mismo y le puso nombre a los “numeritos” de los que hablábamos anteriormente y los nombró de la siguiente forma: Fundamentalmente Heterosexual, Básicamente Heterosexual, Preferentemente Heterosexual, Bisexual, Preferentemente Homosexual, Básicamente Homosexual y Fundamentalmente Homosexual. Esto nos deja una “ventanita” o potencialidad, ya sea homosexual o heterosexual, así nos consideremos los máaaas fundamentalmente de un lado o del otro. ¡Espero esto no te espante mucho!

Al final, somos humanos con corazoncito, antes que un género.


[1] Álvarez Vázquez, Fernando y Balsa Sabbagh, María Elena. Soluciones en Sexualidad Infantil y Adolescente. Estrategias Breves. Editorial Pax México, 2019. p.29

[2] Álvarez-Gayou Jurgenson, Juan Luis y Millan Álvarez, Paulina. Homosexualidad, bisexualidad, travestismo, transgeneridad y transexualidad: Derrumbe de mitos y falacias. IMESEX, Tercera edición, 2010. p. 29

[3]Orientación sexual. 29 de octubre de 2020. Consultado 3 de marzo de 2021, de https://chem.libretexts.org/@go/page/50043

[4]Escala de Kinsey. Wikipedia. Consultado 3 de marzo de 2021.

[5] https://www.genderbread.org/resource/genderbread-person-v4-0



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