¿Qué es la educación integral en sexualidad?

En Gender Issues nos importa darles difusión a temas importantes que afectan a nuestra sociedad y presentar puntos de vista variados de personas que tienen las herramientas y conocimientos sobre los mismos. En esta ocasión, invitamos a Rebeca Guerra a escribir en nuestro blog sobre diversas cuestiones relacionadas con educación sexual sobre las cuales hay aún mucha desinformación. Ella es encargada del componente Educación Integral en Sexualidad y Género del programa Construye T, dentro de la Subsecretaría de Educación Media Superior; asimismo está cursando la Maestría en Sexología Educativa en el Instituto Mexicano de Sexología A.C.

Twitter de la autora: @BeckahGuerra

El día de hoy les voy a platicar un poco acerca de la Educación Integral en Sexualidad, este es el término y concepto más actualizado al que todo programa educativo y medios deberían apuntar. Veamos porqué…

¿Por qué la “Educación Sexual” no es suficiente?

La educación sexual es una educación frecuentemente enfocada a lo biológico y a medidas profilácticas. Desde la palabra “sexual” lo podemos ver, ya que esta palabra hace referencia a las características sexuales que un humano puede presentar; es decir, a los aspectos biomédicos de la sexualidad.

Este enfoque normalmente habla desde la prohibición, o al menos desde la advertencia, hacia un posible embarazo o infección, se enfoca en los órganos sexuales y tiende a ser heteronormado, haciendo énfasis en su función de acuerdo a la reproducción (o prevención de).

¿Qué es la “Sexualidad”?

La sexualidad es un aspecto amplio dentro de la dimensión del ser humano y de su identidad, la cual incluye su sexo, identidad de género, expresión de género, preferencia genérica (conocida como orientación sexual), los roles de género, los vínculos afectivos, el erotismo, la intimidad, las relaciones sexuales, las emociones, los pensamientos, el amor y la reproducción. Son aspectos biológicos, sociales y psicológicos que interactúan en un marco histórico y cultural específico; un conjunto de fenómenos emocionales, de conducta y de prácticas que marcan de manera decisiva al ser humano en todas y cada una de las fases de su desarrollo. 

Ahora sí… ¿Qué es la Educación Integral en Sexualidad?

De acuerdo con la UNESCO: “La educación integral en sexualidad (EIS) es un proceso que se basa en un currículo para enseñar y aprender acerca de los aspectos cognitivos, emocionales, físicos y sociales de la sexualidad. Su objetivo es preparar a los niños, niñas y jóvenes con conocimientos, habilidades, actitudes y valores que los empoderarán para: realizar su salud, bienestar y dignidad; desarrollar relaciones sociales y sexuales respetuosas; considerar cómo sus elecciones afectan su propio bienestar y el de los demás; y entender cuáles son sus derechos a lo largo de la vida y asegurarse de protegerlos.”

Creo que es muy importante entender que no se trata únicamente de un “bajado de información”, sino la creación de un espacio de aprendizaje significativo donde no es una persona determinada la que tiene todas las respuestas al conocimiento, sino que este se genera colectivamente a través del diálogo y el análisis de situaciones; poniendo en práctica valores personales y compartidos, el uso de la comunicación asertiva, del pensamiento crítico hacia las normas culturales y sociales y hacia los roles de género, así como a su impacto en comportamientos sexuales y su integridad corporal, pero no sólo esto, sino también en los lazos afectivos y la construcción de bienestar en todas sus relaciones interpersonales.

La educación socioemocional es esencial para la EIS, ya que esta desarrolla el autoconcepto que una persona tiene de sí misma, como la autoestima y el autoconocimiento. Al conocerse, unx puede reconocer sus emociones, nombrarlas y hacer uso de lenguaje asertivo para expresar lo que siento y deseo. “Numerosos estudios mostraron que los estudiantes, independientemente de su género, quieren saber más sobre las relaciones y los sentimientos (Pound et al., 2016; UNESCO, 2015a)”.

Al saber comunicar lo que siento, puedo actuar sobre mis emociones de una manera consciente; esto nos ayuda a generar relaciones justas, basadas en el respeto, la igualdad y la responsabilidad afectiva. También, al conocerme y quererme puedo descubrir mi capacidad para disfrutar, sentirme segurx de lo que me brinda placer, así como lo que no, para marcar mis límites.

También es importante trabajar herramientas como la toma responsable de decisiones para formar un plan de vida, el cual nos da una orientación y un sentido, aunque no se siga fielmente, nos ayuda a discernir en las decisiones que tomamos y ser dueño o dueña de las consecuencias de nuestras elecciones. Por ejemplo, de acuerdo a mi plan de vida, elegir si tener hijxs o no..

Muchas veces se dice que es “salud sexual” la que se necesita para disminuir los embarazos adolescentes… pero muchxs ya saben perfectamente acerca de métodos antifecundativos, al menos del condón. ¿Entonces? Existen muchos factores culturales y socioemocionales. Muchas veces se vive violencia en casa y esto es una forma de salir de ella; de ganar cierto status, tanto como mujer como hombre, al crear una familia, reafirmando su género; no existe un plan de vida; no se tienen muchas expectativas de lo que se les ofrece como sociedad en cuanto a su futuro; sobreponer un trabajo con remuneración monetaria encima del estudio; herramientas de comunicación deficientes para hablar acerca del preservativo; mandatos de género como el pensar que usarlo no es de “hombres” o es una exageración el cuidarse; la falta de apertura para tener una comunicación asertiva entorno a la sexualidad; la poca seguridad en cuanto a la sexualidad que llevan a tener prácticas sexuales bajo la influencia de alcohol y otras drogas.

La EIS puede no ser la solución inmediata, pero sí tiene un impacto en cómo las personas afrontan ciertas situaciones, cómo se sitúan en ellas y qué herramientas tienen para resolverlas; a través del manejo de emociones.

El embarazo adolescente solo es una consecuencia al verdadero problema: la falta de apropiación de nuestra sexualidad, de nuestro cuerpo, de nosotrxs mismos, cómo sentirnos cómodxs con nuestra corporalidad y respetar las de otras personas, cómo cuidarnos, cómo aceptarnos, cómo procurarnos, cómo querernos. El amor propio es clave para que existan cambios en cuanto a prácticas sexuales y relaciones afectivas saludables.

En la parte social, es necesario formar espacios horizontales y el sentido de colaboración durante este aprendizaje. Esto nos ayuda a fortalecer una ciudadanía activa que busca una sociedad justa y empática donde las personas ejerzan y exijan sus derechos sexuales y humanos, así como el de sus pares.

Finalmente, reconocer a la sexualidad como algo placentero, positivo y que está vinculada al bienestar personal y social. Hacer una declaración compartida del derecho al placer y establecer una ética del cuidado; que la ciudadanía sea una política del cuidado de sí mismo, seres queridxs y desconocidxs, de lo humano.

Soy fiel creyente en que la educación integral en sexualidad y lo que esta conlleva: la creación de vínculos afectivos conscientes, libres y saludables tiene un gran pedazo de la respuesta a la transformación social.

Humanes todes al final

En Gender Issues nos importa darles difusión a temas importantes que afectan a nuestra sociedad y voz a aquellas personas que tienen las herramientas y conocimientos para informar. En esta ocasión, invitamos a Rebeca Guerra a escribir en nuestro blog sobre diversas cuestiones relacionadas con educación sexual sobre las cuales hay aún mucha desinformación. Ella es encargada del componente Educación Integral en Sexualidad y Género del programa Construye T, dentro de la Subsecretaría de Educación Media Superior; asimismo está cursando la Maestría en Sexología Educativa en el Instituto Mexicano de Sexología A.C.

Twitter de la autora: @BeckahGuerra

  1. ¿Cuándo se forma la identidad de género?

Primero que nada, hay que dejar claro que la identidad de género no se enseña ni se aprende, es algo que se va manifestando y descubriendo. La identidad de género es una experiencia psicológica subjetiva de si la persona se asume  mujer u hombre, independientemente de las características sexuales que la acompañen.[1] Cómo se percibe alguien y cómo vive su realidad de acuerdo a su género no debería ser cuestionado en lo más mínimo, es algo REAL, tan real como cuando tomas agua de limón y te sabe a limón, porque así es la realidad que tú vives. Que queramos luchar contra los estereotipos y cómo estos nos encasillan o nos generan prejuicios, esa es otra historia.

Si bien, todavía no hay una exactitud de en qué momento exacto se forma esta identidad de género, Alvarez-Gayou y Millan consideran que se forma desde la época prenatal hasta el primer año, algunas otras personas señalan que es hasta los tres años. Lo que sí sabemos es cuando la persona puede hablar, logra expresar esta identidad; y así como las personas cis tienen la capacidad de apropiarse de su identidad y enfrentarse así al mundo, las infancias trans deberían tener este mismo derecho.

2. ¿Qué pasa cuando la identidad no coincide con el sexo asignado y la problemática de hablar sólo de dos sexos?

El binarismo de género (y en general todo lo binario, en mi opinión) nos ha traído muchos problemas, queriendo encasillar a las personas en pequeños cuadritos, blanco o negro, como si fuéramos un código de computación. Pero somos seres humanos y afortunadamente somos únicos e irrepetibles, es decir, existe una diversidad inmensa y tantas combinaciones como se pueda imaginar. Este sistema nos indica que las personas nacidas con características sexuales masculinas, deben ser hombres y además estar atraído a las mujeres y vice versa. Está es una visión meramente biológica, para la reproducción de la especie, no una que abrace la diversidad humana y sus múltiples facetas.

Entonces, cuando una identidad de género no coincide con la de los órganos sexuales exteriores (aunque es importante recalcar que existen otras dimensiones que conforman el sexo como hormonas, cromosomas, etc. pero raramente se ven) a la gente le causa un shock enorme porque no pueden ponerlo dentro de esta casilla mental.

Nos cuesta pensar que se puede disfrutar y desarrollarse plenamente con una identidad humana y no una creada para la génesis (de ahí la palabra genitales).

3. ¿Cuándo comienza la atracción por otras personas?

Al igual que la identidad de género, es algo que se va descubriendo poco a poco. No hay una edad exacta en la cual se nos dé una respuesta y, de hecho, es muy probable que sigas descubriendo cosas o situaciones que te atraigan en la adultez. El inicio de este hallazgo de preferencia genérica comienza a los 11 o 12 años, según algunas personas expertas, aunque a medida que cambia la cultura y la sociedad, esta también está sujeta a cambios.

4. ¿Qué es la “Preferencia Genérica”?

Se busca hacer la transición del concepto orientación sexual al de preferencia genérica, ya que la primera no considera una atracción que no sea sexual. Lo que realmente nos atrae de una persona son sus aspectos fenotípicos y externos, lo que la caracteriza de un género u otro y no sus características sexuales integrales (fórmula cromosómica, gónadas, niveles hormonales, órganos sexuales internos o externos).

Si nos atrae alguien en la calle o en un bar no tenemos rayos X para ver debajo de su pantalón, ni para hacer un test hormonal.

Además, las personas que aún no tienen o no desean tener experiencias eróticas (una persona asexual, una monja, un adolescente, etc.) también sienten atracción y una preferencia genérica. “Entendiendo el término preferencia como una inclinación natural y no como un proceso necesariamente voluntario de análisis, selección y decisión.”[2]

Esto no quiere decir que la preferencia genérica sea estática.

5. ¿Por qué no es estática nuestra preferencia genérica?

Alfred Kinsey, fue uno de los primeros en concebir la sexualidad como una gama en vez de una estricta dicotomía, del binario que tanto hablamos que hace daño. “Para clasificar esta gama de heterosexualidad y homosexualidad, Kinsey et al. (1948) creó una escala de siete puntos de clasificación que abarca desde exclusivamente heterosexual a exclusivamente homosexual.”[3]

La gráfica[4] nos muestra desde el 0, las personas que se consideran exclusivamente heterosexuales, hasta el 6, las personas que se consideran exclusivamente homosexuales. El 3 se considera una persona bisexual y podemos ver que hay números entre estos nombres que típicamente conocemos. Puede que un día nos consideremos en cierto punto, pero conforme nos vamos conociendo y vamos aprendiendo de lo que nos gusta, esto puede ir cambiando; o por ejemplo, también se vale que llegue alguien inesperado que nos mueva el tapete y  tal vez nos movamos de un numerito a otro. No es tan estricto como heterosexual, homosexual o bisexual. A esto nos referimos a que la preferencia genérica no es permanente, ni estática y tiene diferentes dimensiones.

Una gráfica más actual y comúnmente conocida es la de genderbread person[5], en la parte de atracción sexual y atracción romántica nos muestran dos líneas en las cuales nuestro “puntito” podría estar en cualquier gama tanto de una, como de la otra línea, esto quiere decir que son infinitas las posibilidades de variación:

También, Alvarez-Gayou Jurgenson tomó el modelo de Kinsey e hizo algunos avances sobre el mismo y le puso nombre a los “numeritos” de los que hablábamos anteriormente y los nombró de la siguiente forma: Fundamentalmente Heterosexual, Básicamente Heterosexual, Preferentemente Heterosexual, Bisexual, Preferentemente Homosexual, Básicamente Homosexual y Fundamentalmente Homosexual. Esto nos deja una “ventanita” o potencialidad, ya sea homosexual o heterosexual, así nos consideremos los máaaas fundamentalmente de un lado o del otro. ¡Espero esto no te espante mucho!

Al final, somos humanos con corazoncito, antes que un género.


[1] Álvarez Vázquez, Fernando y Balsa Sabbagh, María Elena. Soluciones en Sexualidad Infantil y Adolescente. Estrategias Breves. Editorial Pax México, 2019. p.29

[2] Álvarez-Gayou Jurgenson, Juan Luis y Millan Álvarez, Paulina. Homosexualidad, bisexualidad, travestismo, transgeneridad y transexualidad: Derrumbe de mitos y falacias. IMESEX, Tercera edición, 2010. p. 29

[3]Orientación sexual. 29 de octubre de 2020. Consultado 3 de marzo de 2021, de https://chem.libretexts.org/@go/page/50043

[4]Escala de Kinsey. Wikipedia. Consultado 3 de marzo de 2021.

[5] https://www.genderbread.org/resource/genderbread-person-v4-0



Entre encapsulamientos y balas (1/3)

Este artículo conjunto entre el Centro Feminista de Investigación Social  y Gender Issues, tiene como objetivo abordar la actuación policial en relación con las marchas feministas que se realizaron en 2020. Consideramos que es necesario hacer un cierre sobre lo que se vivió este año en relación a la respuesta del Estado hacia las manifestaciones feministas y de mujeres, porque hubo eventos que no pueden quedar en el olvido y porque creemos que cargan consigo una serie de interrogantes y demandas que seguirán profundizándose en los siguientes años. Debido a que hay varios subtemas sobre los que quisiéramos reflexionar sobre las instituciones policiales desde una perspectiva feminista, esta reflexión se dividirá en tres series. Este artículo es el primero de ellas.

Apagar con fuego un incendio

Salgo del metro Zapata, una policía de la Ciudad de México se me acerca y me pregunta “¿usted va a la marcha de hoy?, “sí, para allá voy”, “ah ok”. Ese día de febrero me dirigía al periódico Reforma para protestar por el caso de Ingrid Escamilla, feminicidio que captó mucha atención mediática por diversas razones, entre ellas, la filtración de la escena del crimen y su difusión en medios. Una vez más, periódicos, revistas, canales de televisión mostraron una nula empatía y ética profesional para comunicar casos como estos.

Me llamó la atención que las y los policías de la Ciudad de México estuvieran tan al pendiente de los contingentes que se reunirían ese día. Partiríamos del diario Reforma para después trasladarnos a la Antimonumenta enfrente de Bellas Artes. En el traslado, un grupo de policías nos siguieron todo el trayecto en el metro hasta llegar al centro. Con ganas de que las y los policías  te escoltaran así durante trayectos de noche en los que te sientes amenazada, pero sabemos que eso tampoco es solución, empezando por la poca confianza que tenemos en las autoridades, pero eso es otra historia. En este caso, este “acompañamiento” por parte de policías hasta llegar al centro se me hizo a todas luces invasivo.

Llegando allá, vaya sorpresa, un despliegue policial bastante imponente. Calles y calles repletas con patrullas y policías a la espera de recibir algún tipo de orden. Me parece que este era un ejemplo de lo que podría esperarse este año.

La imagen puede contener: una o varias personas, multitud y exterior
Foto: La Izquierda Diario

El 8 de marzo se caracterizó igualmente por un despliegue policial desmedido, bardas y bardas cubriendo monumentos y la obstaculización por parte de las policías para que las manifestantes llegaran al Zócalo. Yo recuerdo que ese día fue extremadamente agotador porque llegamos a estar paradas sin movernos por horas. Por supuesto que las vallas metálicas colocadas en el eje Central Lázaro Cárdenas inhibieron la llegada de las manifestantes a Plaza de la Constitución.

No fue la primera ni última vez que se presentarían este tipo de medidas. Posteriormente, siguieron otras manifestaciones en las que se vieron este tipo de reacciones por parte del gobierno. El 28 de septiembre, día de acción global por un aborto legal y seguro, se caracterizó por el encapsulamiento que realizó la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México de un grupo de manifestantes por un lapso muy prolongado de tiempo.

Foto: María Luisa Severiano
Suárez del Real asegura que no encapsularon a manifestantes; Amnistía Internacional lo contradice
Foto: EFE

Después, en noviembre de este año (2020) se dieron otros casos similares. Uno fue la manifestación convocada por colectivos feministas y estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) que protestaron en contra de violencia de género y acoso dentro de esta institución. En esa ocasión se dio a conocer que elementos de la Secretaría de Seguridad capitalina, específicamente el grupo de las Ateneas, igualmente encapsuló por horas a las manifestantes. Se comenta que, en esa ocasión, el despliegue fue de alrededor de mil policías para responder a una manifestación de alrededor de 30 mujeres. El 25N no fue distinto, igualmente se llevó a cabo un encapsulamiento por parte de la policía. Y así como estos, se dieron otros casos en la Ciudad de México.

Ahora, lo anterior es solamente mencionando algunos casos de la capital; sin embargo, se dieron a conocer muchos otros a lo largo del país en los que las policías municipales y estatales actuaron de manera desmedida y represiva en contra de las manifestaciones feministas. Por mencionar un ejemplo, la concentración llevada a cabo en Cancún en noviembre, la cual concluyó en disparos por parte de la policía municipal, dejando a varias personas heridas y detenidas.

Foto: Cuartoscuro

Otro ejemplo ocurrió en León, Guanajuato, cuando en agosto se llevó a cabo una manifestación en reacción al caso de Evelyn, una joven que denunció ser víctima de acoso sexual y de tocamientos por parte de la policía. La manifestación derivó en la detención de más de veinte mujeres, entre las cuales denunciaron violencia física, verbal y sexual por parte de las y los agentes de la policía. O sea, en México denuncias violencia sexual por parte de las autoridades y las mismas responden con más de esta violencia y de otros tipos. Lo absurdo de querer apagar con fuego un incendio.

Ejemplos sobre este tipo de respuestas desmedidas por parte de las autoridades podemos mencionar varios más tan solo en este año: Yucatán[1], Estado de México[2],etc.

Ante este panorama queda claro algo: a las autoridades les preocupan las marchas feministas. Se ha visto con un uso excesivo de la fuerza, despliegues policiales exagerados, detenciones, disparos, encapsulamientos. Pareciera que preocupa más silenciar que atender las causas de las demandas del movimiento feminista y de las mujeres en general. Por ello es que, en este artículo redactado por Centro Femin y Gender Issues dividido en tres partes se analizará la actuación policial desde una mirada crítica y feminista.

El patriarcado y su tolete

La mujeres hemos sido excluidas sistemáticamente de los espacios de poder y de decisión, para ello, como señaló Janet Saltzman en Equidad y Género (1992), se ha utilizado rasgos culturales con los que se argumenta la “inferioridad” de las mujeres, a través de: 1) una ideología y su expresión en el lenguaje en el que se devalúa a las mujeres dándoles a ellas, a sus roles, sus labores, sus productos y su entorno social, menos prestigio y poder que el que se le da a los de los hombres; 2) significados negativos atribuidos a las mujeres y sus actividades a través de hechos simbólicos o mitos; y 3) estructuras que excluyen a las mujeres de la participación en los espacios de los más altos poderes.

Si bien hay esfuerzos por erradicar el uso de esos rasgos culturales y sus manifestaciones, sobre todo en lo que respecta al acceso de las mujeres a espacios de toma de decisión, posibilitando que, a través de acciones afirmativas, las mujeres entren en espacios que antes estaban destinados exclusivamente a los hombres, la realidad es que la discriminación con base en género sigue siendo una constante en prácticamente todos los ámbitos de la vida humana.

En el caso de las instituciones policiales, esta discriminación va más allá y llega a traducirse en actos de violencia que ocurren tanto fuera como dentro de la institución. Hacia afuera de la institución policial se pueden observar actos de control y represión en los que las fuerzas policiales, motivadas por los roles y estereotipos de género que fomentan la idea de subordinación de las mujeres, hacen de los cuerpos femeninos un campo de batalla simbólico y literal e imponen “castigos” que derivan en violencia sexual; ejemplo de ello es el Caso de Atenco[3].  

El caso de Atenco es paradigmático dado que, ante la falta de acceso a la justicia en instancias nacionales, 11 de las mujeres víctimas de tortura sexual por parte de agentes policiales, decidieron acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y en 2018 la Corte emitió una sentencia en la que determinó que estas mujeres habían sido víctimas de diversas formas de tortura física, psicológica y sexual en el marco de su detención, traslado y llegada al centro de detención; además, señaló que el Estado mexicano incumplió con su obligación de investigar con la debida diligencia y en un plazo razonable estos hechos. Finalmente, la Comisión determinó que el Estado mexicano afectó la integridad psíquica y moral de los familiares de estas 11 mujeres.

Es preciso señalar que este tipo de prácticas se han recrudecido en fechas recientes y son dirigidas con mayor intensidad hacia protestas ciudadanas de orientación feminista, de nuevo como una especie de “castigo” por no cumplir con los mandatos de género[4] asignados a las mujeres. [5]

Otro ejemplo de violencia por parte de la policía hacia las mujeres se refleja en la inacción estatal en lo que se refiere a la investigación de delitos de violencia de género, ya que reproducen la violencia y revictimizan a las familias de las víctimas, facilitando escenarios de impunidad que envían el mensaje de que la violencia contra la mujer es tolerada, con lo que se favorece la perpetuación y la aceptación social del fenómeno, incrementando el sentimiento y la sensación de inseguridad en las mujeres.

En lo que respecta a la violencia dentro de la institución policial, ésta ocurre cuando se reproducen actitudes misóginas y violentas hacia las mujeres que ahí laboran, de manera que ellas no reciben el mismo apoyo para su desarrollo profesional. En consecuencia no hay mujeres al mando y, con base en roles y estereotipos de género, se les excluye de ciertas actividades operativas; además llegan a sufrir acoso y hostigamiento sexual por parte de sus superiores jerárquicos y compañeros.

Ante esta evidencia, se puede argumentar que las corporaciones de policía en México, en su mayoría, tienen dinámicas de violencia contra las mujeres, lo cual encuentra su justificación al cimentarse en el sistema patriarcal que ha hecho uso de las fuerzas policiales (y las fuerzas armadas) como mecanismos de preservación del control y poder.

Las instituciones policiales, desde su modelo más tradicional, privilegian la masculinidad hegemónica y tienden a perpetuar actitudes misóginas, considerando a su vez como desviada toda conducta que no entre dentro del parámetro masculino aceptado. Todo ello sustentado en la noción de dominación de uno sobre otras y otros, lo que también conlleva al castigo de quien no asume y acepta esa relación de dominación-sumisión.

La policía es entonces una institución que, aunque está compuesta por hombres y mujeres, es percibida como masculina y no sólo eso, sino que ella misma se concibe con base en los estereotipos de género históricamente asignados a los hombres (protectores, dominantes, agresivos, insensibles, sexuales), es decir, se autoconstruye como una institución que protege a través de la fuerza y exacerba la necesidad de hacer uso de la violencia y la agresión como parte de la protección que brinda, lo que antagoniza con concepciones de cuidado, empatía, mediación, que han sido asignadas históricamente a las mujeres y quienes no están equitativamente representadas en las estructuras de mando de las corporaciones policiales.

Por todo lo anterior, nos encontramos frente al gran reto que significa la reconstrucción de una institución que históricamente ha estado alineada a estereotipos de masculinidad hegemónica, y que si bien lleva tiempo envuelta en procesos de sensibilización, capacitación y aprendizaje, la realidad es que aún no se puede decir que la perspectiva de género haya permeado a toda la corporación.

En este sentido, desde Centro Femin y Gender Issues creemos que resulta indispensable cambiar las nociones de seguridad para desvincularla de los estereotipos de masculinidad hegemónica, y confiamos en que para ello se deben incorporar enfoques inspirados en los feminismos. Estos enfoques deben pasar por la no violencia, el respeto y promoción de los derechos humanos, el desarrollo de conceptos de autocuidado y cuidado comunitario, el ejercicio de una ciudadanía plena de hombres y mujeres.

Artículo escrito por: Centro Femin y Gender Issues


[1] https://www.animalpolitico.com/2019/11/mujeres-detenciones-yucatan-protesta/

[2] https://www.animalpolitico.com/2020/09/policias-agreden-y-detienen-a-mujeres-que-tomaron-sede-de-la-codhem-en-ecatepec/

[3] El caso se originó a raíz de un conflicto con un grupo de floristas en el municipio de Texcoco, lo que derivó en un operativo policial en los poblados de Texcoco y San Salvador Atenco, Estado de México, los días 3 y 4 de mayo de 2006. En dicho operativo participaron alrededor de 700 agentes de la Policía Federal Preventiva (PFP) y 1,815 agentes municipales y estatales. Derivado de lo anterior, fueron detenidas 47 mujeres, quienes en su mayoría sufrieron tortura sexual cuando eran trasladadas a un centro de reclusión. De este grupo, 26 mujeres reportaron estas agresiones al ingresar al Centro de Prevención y Readaptación Social (CERESO) “Santiaguito” de Almoloya de Juárez, sin que fueran atendidas debidamente. https://centroprodh.org.mx/casos-3/mujeres-de-atenco/

[4] Entenderemos los mandatos de género como modelos de normatividad (masculinidad y feminidad) que impone el patriarcado sobre cómo debe comportarse un hombre y una mujer; y que están estructurados principalmente en torno a la sexualidad.

[5] Mujeres detenidas durante protesta en Cancún denuncian agresiones sexuales de los policías, disponible en https://www.animalpolitico.com/2020/11/mujeres-detenidas-cancun-agresiones-sexuales-policias/



La perspectiva de género en las transiciones energéticas

Imaginemos que nos encogemos hasta alcanzar dimensiones subatómicas, alojándonos en algún tramo de la intricada red eléctrica. Desde esta posición privilegiada podríamos observar millones (¡o millones de millones!) de electrones, cada uno como automóviles transitando por las autopistas y caminos que componen las redes de transmisión y distribución eléctrica en camino de alimentar de energía las casas, calles y negocios. Dentro de este caos vial nos resultaría imposible diferenciar cuales electrones han sido generados a través de fuentes limpias, ya que estos son virtualmente idénticos a los producidos por fuentes fósiles como gas, carbón o petróleo. De esta manera, la energía eléctrica, medida en kilowatts hora (kWh), que consume un foco no diferencia entre fuentes limpias o fósiles, por lo cual desde este punto de vista se podría argumentar que el hecho de que los electrones sean producidos por fuentes renovables (i.e. solar o viento) o fósiles (i.e. gas o carbón) es irrelevante.

Sin embargo, este argumento simplista de equivalencia entre electrones limpios y fósiles nos llevaría a desconocer las raíces de las transiciones energéticas que pretenden migrar nuestros sistemas energéticos hacia tecnologías de generación bajas en carbono, como las renovables, para mitigar los impactos del cambio climático (UNFCCC, 2015). Esta revolución energética baja en carbono se ve reflejada a manera global por las nuevas adiciones de capacidad de generación eléctrica renovable, que desde el 2014 han superado año con año a las adiciones fósiles (REN21, 2019). Estos datos ilustran el proceso que, como humanidad, hemos experimentado durante las últimas décadas para comprender que la energía producida por fuentes fósiles y renovables conlleva impactos ambientales y sociales diferenciados que marcan la diferencia entre una crisis climática global y la sustentabilidad energética. De tal manera, durante los últimos años, estos flujos de electrones “limpios” han adquirido una importancia crucial para asegurar justicia ambiental y climática para las generaciones actuales y futuras.

Regresando a nuestra posición como observadores microscópicos probablemente también apreciaríamos que los electrones fluyendo por las autopistas y caminos de la red eléctrica son ajenos a conceptos sociales como roles de género, identidad o relaciones de poder. Sin embargo, basándonos en la anterior discusión sobre las consecuencias de invisibilisar o desconocer las dimensiones ambientales de los sistemas energéticos (i.e. electrones renovables o fósiles), podríamos intuir que algo similar sucede con la dimensión social. En efecto, el enfoque de la discusión cambia al considerar la naturaleza socio técnica (Jenkins et al., 2018) de los sistemas energéticos, entendiéndolos como una combinación de elementos técnicos y sociales. Conceptualizar los sistemas energéticos como entes socio técnicos nos permite comprender que, aunque los electrones se rigen únicamente por principios físicos, las instituciones, políticas, normas culturales y contextos geográficos, sobre los que operan los sistemas energéticos, encargados de producir, regular y distribuir dichos electrones, están fuertemente ligados al mundo donde rigen los conceptos sociales.

A manera de ejemplo podemos analizar el caso de un kWh de electricidad, energía que sirve para mantener encendido un foco incandescente de 100 watts por alrededor de 10 horas. por sí mismo este kWh y las diez horas de iluminación están desligados a conceptos sociales, como género. Sin embargo, si ese kWh es producido por un sistema solar que alimenta un foco colocado en un camino aislado como parte de una política pública de movilidad segura para mujeres, se convierten en herramientas para resolver problemáticas sociales, ligándose de manera inmediata a las discusiones existentes sobre género, interseccionalidad y servicios energéticos (Datta and Ahmed, 2020). Este flujo de electrones también se liga a conceptos como la igualdad de género al conocer que los sistemas energéticos que los producen emplean solo 22% de trabajadoras en el caso de las tecnologías fósiles y 32% en caso de las renovables (IRENA, 2019).

Partiendo de estos ejemplos, podemos ilustrar la importancia que tienen conceptos sociales como el de género para una transición energética justa y equitativa. Dichas transiciones han sido movilizadas principalmente por ideales de justicia ambiental y climática, produciendo cambios estructurales que apuntan a la sustitución de energías fósiles por sus contrapartes renovables y bajas en carbono en pos de un futuro más sustentable. Sin embargo, esta transición energética global movilizada por ideales ambientales es paralela a debates de justicia social en lo que se discute en academia como una cuarta ola del feminismo (Munro, 2013). La primera ola del feminismo (1910-1920) abrió el camino para que las mujeres accedieran a la capacidad de votar; la segunda (1960-1980) luchó contra estructuras de poder sexistas, dándole nuevos significados a la identidad y el valor de la mujer fuera del ámbito doméstico, como participantes en las actividades productivas de la sociedad; mientras que la tercera ola (1990-2000) se enfocó en las micropolíticas que causan las desigualdades de género en diferentes contextos. La actual cuarta ola del feminismo se caracteriza por un fuerte activismo potenciado por el uso de plataformas y tecnologías digitales para exigir la transición de un sistema patriarcal a uno donde exista igualdad entre todos los seres humanos sin importar género, etnia, religión o clase (Blevins, 2018). Dentro de este contexto, incluir una perspectiva de género a la transición energética abre también oportunidades para depurar los nuevos sistemas energéticos de injusticias, heredadas por procesos históricos y culturales, que obstaculizan la participación igualitaria de mujeres y otros actores en los sistemas energéticos.

Una mayor inclusión de las mujeres en los procesos de transición energética significa incorporar a este crucial proceso más de la mitad de las mentes, experiencias de vida y habilidades en este planeta, aumentando drásticamente nuestras oportunidades como especie para responder de manera efectiva y eficiente al reto de generar sistemas energéticos más justos y sustentables. Al mismo tiempo, dicha inclusión se traduciría también en una potencial mejoría en las condiciones de las mujeres alrededor del mundo, al tener en cuenta soluciones de energía que integren las diversas problemáticas sociales ligadas a género. Algunos ejemplos de estas problemáticas son una pobreza energética que afecta mayoritariamente a las mujeres, impactos a la salud relacionados con el uso de biomasa en el ambiente doméstico, así como restricciones para acceder a fuentes de financiamiento, capacitación, así como fuentes de trabajo y oportunidades de emprendimiento

Si pudiéramos regresar a nuestro privilegiado puesto de espectadores microscópicos después de haber explorado las diferentes maneras en las que la energía se relaciona con atributos de sustentabilidad y género, tal vez nos preguntaríamos si los millones de electrones que recorren las autopistas y caminos de la red eléctrica son realmente idénticos como aparentan; si han sido generados por tecnologías renovables, o por una empresa que promueve la inclusión de la perspectiva de género. La transición energética actual no solo representa un vehículo para solucionar problemáticas históricas de dimensiones ambientales, sino que representa también un vehículo para contribuir a remediar inequidades e injusticias creadas por desbalances históricos de poder entre géneros. Es necesario, por lo tanto, que los flujos de electrones que satisfagan las necesidades energéticas de generaciones futuras sean bajos en carbono y altos en perspectiva de género.

Autor: Adolfo Mejía Montero 

Estudió física en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una maestría en sistemas de energía sustentable en el colegio de ingeniería de la Universidad de Edimburgo, Reino Unido. Actualmente es candidato a doctor por la misma Universidad de Edimburgo donde explora temas de energía renovable y transiciones energéticas desde una perspectiva interdisciplinaria con énfasis en las ciencias sociales. Entre los proyectos de investigación en los que Adolfo ha participado es posible mencionar la investigación sobre materiales para celdas fotovoltaicas (CONACyT), energías renovables y compatibilidad territorial en Europa (Agencia de Cooperación en Ciencia y Tecnología Europea), energía eólica distribuida y desarrollo socio-económico en Oaxaca (Instituto de Electricidad y Energías Limpias) y sistemas locales e inteligentes de energía (Universidad de Strathclyde). De igual manera, Adolfo cuenta con un par de años de experiencia como consultor en proyectos de energía renovable distribuida y comunitaria, tanto en México como en Reino Unido. Actualmente, Adolfo se desempeña como desarrollador y facilitador de cursos para la maestría en Energía, Sociedad y Sustentabilidad de la Universidad de Edimburgo, así como consultor independiente en diversos proyectos interdisciplinarios de energía. 

Referencias

Blevins, K. (2018) ‘bell hooks and Consciousness-Raising: Argument for a Fourth Wave of Feminism’, in Vickery, J. R. and Everbach, T. (eds) MEDIATING MISOGYNY: GENDER, TECHNOLOGY & HARASSMENT. 1st edn. Cham, Switzerland: Palgrave Macmillan, pp. 91–108. doi: 10.1007/978-3-319-72917-6_7.

Datta, A. and Ahmed, N. (2020) ‘Intimate infrastructures: The rubrics of gendered safety and urban violence in Kerala, India’, Geoforum. Elsevier, 110(May 2019), pp. 67–76. doi: 10.1016/j.geoforum.2020.01.016.

IRENA (2019) Renewable energy: A gender perspective. Available at: https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2019/Jan/IRENA_Gender_perspective_2019.pdf.

Jenkins, K., Sovacool, B. K. and Mccauley, D. (2018) ‘Humanizing sociotechnical transitions through energy justice : An ethical framework for global transformative change’, Energy Policy. Elsevier Ltd, 117(February), pp. 66–74. doi: 10.1016/j.enpol.2018.02.036.

Munro, E. (2013) ‘Feminism: A Fourth Wave?’, Political Insight, 4(2), pp. 22–25. doi: 10.1111/2041-9066.12021.

REN21 (2019) Renewables 2019, Global Status Report. Paris. doi: 10.3390/resources8030139.

UNFCCC (2015) Paris Agreement, Yaoxue Xuebao. Paris. Available at: https://unfccc.int/sites/default/files/english_paris_agreement.pdf.

Un camino largo

La incidencia de violencia familiar en México es un fenómeno. Tan solo en 2019 se iniciaron más de 200 mil carpetas de investigación por este delito. Si bien, la violencia familiar incluye a cualquier miembro de la familia, las principales víctimas -hasta un 80 por ciento a nivel municipal- son las mujeres.

La problemática es compleja pues cruza causas históricas, culturales y sociales poco atendidas. Si a eso agregamos que el sistema de impartición de justicia es débil, terminamos un caldo de cultivo que habilita las conductas violentas. Precisamente, una de las aristas más importantes en la atención al problema, es la actuación de la policía ante estos casos.

El municipio de San Pedro Garza García, desarrolló recientemente un Protocolo de actuación policial en casos de violencia familiar, cuyo objetivo es, “establecer políticas y procedimientos legalmente sustentados en ordenamientos aplicables vigentes para que el policía atienda adecuadamente y bajo perspectiva de género los casos de violencia familiar que se presentan en el Municipio.”

A la par de desarrollar este instrumento, crearon una Unidad Especial de Protección (UEP), compuesta principalmente por policías (mayoritariamente mujeres), psicólogas y trabajadoras sociales, responsables de atender todos los reportes de este delito en dicha demarcación.

Foto por Milenio

Los protocolos son importantes cuando se trata de trazar un procedimiento claro para la intervención de la policía ante una situación tan crítica como esta. Si bien el mandato de la policía está delimitado por la Constitución Mexicana, y los ordenamientos ante cada tipo de delito en el Código Nacional de Procedimientos Penales, aún falta mucho camino por recorrer para brindarles reglas claras sobre lo que se espera de ellas y ellos. Además, es importante tomar en cuenta las características del municipio, el trabajo de otras instituciones especializadas, así como datos históricos que permiten prevenir este delito.

El protocolo de San Pedro define una ruta desde que se recibe un caso, ya sea a través de una llamada al centro de inteligencia, un reporte anónimo, o de una aliada, por ejemplo, una trabajadora social de una escuela. El procedimiento, entre otras cosas, describe paso a paso quiénes y cuántos policías deben acudir, cómo entrevistar a la víctima y al victimario, que detalles tomar en cuenta para el llenado de un Informe Policial Homologado sólido y el proceso de acompañamiento de las víctimas y sus hijos. Dicha herramienta fue construida con insumos de los propios policías, organizaciones que colaboran con el municipio en atención a víctimas y con la retroalimentación de diversos Institutos de Mujeres y espacios de coordinación como la Mesa Metrópoli Monterrey.

No cabe duda de que un protocolo dota de mayores certezas en el papel, sin embargo, un protocolo nunca podrá sustituir las capacidades y sensibilidad de una persona, así como la convicción de un alcalde o Secretario de Seguridad para erradicar la violencia familiar. La atención a estos casos debe darse de forma sistémica e integral, sin depender únicamente de los procesos de justicia. Muchas mujeres temen salir de los círculos de violencia pues tienen miedo o no tienen el sustento necesario para mantener a sus familias.

Es por esto, que en San Pedro se fortaleció una red de dependencias municipales, estatales y organizaciones de la sociedad civil especializadas para colaborar en la atención y seguimiento a las víctimas y sus familias. El principal refugio que se estableció en el municipio es Puerta Violeta, un centro de acompañamiento psicológico y legal para las mujeres víctimas de violencia. A la par, se trabaja con un grupo de la Universidad de Monterrey para hombres que ejercen violencia y con dependencias municipales como el DIF para asegurar la integridad de las niñas, niños y adolescentes y con el Hospital Psiquiátrico para los casos en donde exista un padecimiento del tipo.

También, durante la contingencia por COVID-19, se estableció una vía de denuncia anónima y emergente a través de WhatsApp para asegurar que las víctimas pudieran pedir ayuda de una manera más segura si es que estaban conviviendo con el victimario. Sorpresivamente, se recibieron también muchas denuncias anónimas de vecinas, vecinos y familiares de las víctimas, mostrando solidaridad y abriendo una nueva vía de alarma.

Otro componente que no puede ser garantizado únicamente por un protocolo, es la necesidad de brindar la capacitación adecuada y espacios de contención al equipo de policías y especialistas que atienden estos casos ya que el estrés y el cansancio emocional que se acumula puede repercutir en su vida personal y en las mismas intervenciones.

Suena fácil, pero no lo es, pues históricamente hemos descuidado la atención digna y adecuada de la violencia familiar a nivel municipal, así como asegurar presupuestos suficientes para su prevención.

Autora: Patricia de Obeso

Patricia de Obeso es social consultora de Creatura, Promotora del Pensamiento Crítico, dedicada a facilitar procesos de incidencia social a nivel internacional.

Es Maestra en Administración Internacional por el Instituto de Empresa de Madrid y becaria del programa de Liderazgo de la Universidad de Georgetown.

De 2018 a 2020, fue Directora de Prevención Social de la Violencia en el Municipio de San Pedro Garza García. Fue vocera y coordinadora en México del Instituto para la Economía y la Paz, organización internacional que publica anualmente el Índice de Paz Global y el Índice de Paz México. También se desempeñó como Coordinadora de Desarrollo Ciudadano en el Consejo Cívico de Nuevo León, vinculando el trabajo de más de 60 organizaciones para incidir en política pública relacionada con la seguridad ciudadana y la educación para la paz.

Cambio climático y género : entre la justicia climática y el futuro que elegimos

Los impactos en la vida y experiencias de aquellos afectados por el cambio climático han evidenciado la imperante necesidad de modificar como operan nuestras sociedades. El cambio climático trae consigo cambios materiales y desequilibrios en relaciones de poder que incrementan el daño ambiental y profundizan las desigualdades sociales. Como consecuencia, aquellos con ventajas políticas y materiales pueden construir un futuro a prueba de efectos del cambio climático, mientras que las poblaciones en desventaja y vulnerables se ven expuestos a la peor parte de estos efectos.

El acuerdo de Paris (2015) tuvo como finalidad fortalecer la respuesta mundial ante el calentamiento global para limitar el aumento en la temperatura global por debajo de los 2 grados Celsius. Políticamente el acuerdo logró, por primera vez en la historia, unir a las naciones en un esfuerzo común para no solo combatir el cambio climático sino generar políticas de adaptación a sus efectos mediante la implementación de un sistema de apoyo que busca asegurar los fondos financieros, nuevas tecnologías y marcos de creación de capacidades para apoyar a las naciones más vulnerables. Los impactos diferenciados del cambio climático se reflejan en las diferencias existentes entre aquellos países con mayor capacidad de influir cambios en política pública y aquellos sin ese poder.

La justicia climática “reconoce la responsabilidad humana por los impactos de las emisiones de gases de efecto invernadero para aquellas personas más pobres y vulnerables de la sociedad, con la finalidad de enfrentar las desigualdades y promover enfoques transformativos que actúen en contra de la raíz de las causas del cambio climático” (Meikle et al., 2016:497). El Acuerdo representa un adelanto hacia la justicia climática debido a que incluyó compromisos de los grandes emisores de gases de efecto invernadero y permitió que cada nación determinara metas nacionales viables de acuerdo a su realidad, además de conformar un sistema de aporte para las naciones más afectadas por los efectos adversos del cambio climático.

Ligada a la idea de impactos diferenciados del cambio climático, en la última década el slogan “no climate justice without gender justice” (Sin justicia de género no hay justicia climática) ha sido utilizado para crear consciencia de la importancia del género en relación al cambio climático. De acuerdo con Perkins (2018), las injusticias climáticas distributivas, procedimentales e intergeneracionales están profundamente relacionadas con el género debido a los roles biológicos, sociales, culturales, etc., que las mujeres representan en la sociedad. Al tratarse de la mitad de la humanidad, los desproporcionados impactos del cambio climático en las mujeres deben ser enfrentados con una perspectiva de igualdad. Pero, ¿cómo se relaciona esto con el ‘futuro que elegimos’?

Recientemente, Christiana Figueres y Tom Rivett-Carnac[1] publicaron el libro denominado “El futuro que elegimos” donde nos invitan a reflexionar sobre el impacto que nuestro modo de vida, caracterizado por la persecución del crecimiento económico, tiene en el medio ambiente.

“Queremos que sepan dos cosas. Primero, que aún tenemos la capacidad de elegir sobre nuestro futuro y cada acción tomada hacia el futuro cuenta. Segundo, que somos capaces de hacer las elecciones correctas sobre nuestro destino. No estamos destinados a un futuro de devastación y la humanidad es capaz de responder a los grandes problemas, si actuamos ahora.[2]” (Figueres y Rivett-Carnac, 2020:124)

Proponen diez áreas de acción como estrategia para disminuir las emisiones y generar una sociedad global más resiliente, las cuales, no se relacionan únicamente con la eliminación de los combustibles fósiles o la investigación de mejores tecnologías, sino la construcción de un sistema económico más justo que incluya mayor acción política para impulsar la transformación de nuestras prioridades y crear un futuro que nos permita prosperar de manera conjunta.

La novena acción planteada se refiere a la construcción de la igualdad de género. Explican que asegurar que las mujeres tengan un rol igualitario en la toma de decisiones de todos los niveles familiar, comunitario, profesional y gubernamental, es un tema de supervivencia. La visión de los autores en cuanto a igualdad de género se centra en las mujeres y afirman que “cuando las mujeres dirigen, cosas buenas suceden” puesto que tienen un estilo de liderazgo más abierto y sensible a diferentes puntos de vista; características esenciales para responder a la crisis climática de manera colaborativa. Exponen que la discriminación basada en género se refleja en actitudes como la sobreestimación del desempeño masculino y subestimación del femenino en sectores como la industria, siendo su característica más evidente, la brecha salarial, de la cual las mujeres son conscientes, mientras que los hombres la descartan.

En este sentido, si bien es importante generar las condiciones para el reconocimiento e inclusión igualitaria de las mujeres, la igualdad de género requiere de un enfoque más completo que transforme las estructuras que crean y perpetúan desigualdades y roles basados en género. Por otro lado, un enfoque sesgado puede llevarnos a una visión esencialista donde se atribuyan cualidades inherentes al género que fortalezcan la construcción social de estereotipos que limiten el despliegue pleno de los recursos humanos que enriquecen una sociedad.

Es pues, esencial que reconozcamos que existe un desbalance de poder y de toma de decisiones que a veces está sustentado, en un sesgo estructural inconsciente que impacta a mujeres y hombres. Según Figueres y Rivett-Camac, el elemento más importante de la equidad de género, además de su capacidad moral, es la oportunidad que brinda a la humanidad para co-crear un mundo que se regenere en el que todos podamos prosperar. Se asume que un mundo con igualdad de género sería muy similar al actual, pero con un balance mayor en temas de género, sin embargo, los autores exponen que la verdadera igualdad se vería muy distinta.

Es importante resaltar que la mera participación de las mujeres no es acción suficiente para incrementar la igualdad de género, es importante también considerar las barreras que limitan la participación significativa y el balance efectivo de las relaciones de poder entre los géneros.

Aunque “El futuro que elegimos” presenta argumentos claros, identificables y accesibles, en cuanto a igualdad de género, quedan algunos pendientes. Por ejemplo, es importante recalcar que el cambio climático impacta a hombres y mujeres. Sin embargo, estos impactos se experimentan de manera diferenciada debido a los roles determinados por las normas culturales, la división laboral basada en género, o las estructuras sociales basadas en relaciones de poder desiguales. Enfocarnos únicamente en la participación de las mujeres puede resultar peligroso pues podría llevarnos a representar a las mujeres como víctimas, actores sustentables virtuosos o cuidadoras comunitarias, en lugar de generar un verdadero cambio en los roles sociales que permita empoderarlas como actores de cambio. Para alcanzar la justicia climática, es necesario trabajar para asegurar la igualdad de género. Tomar en cuenta la influencia de categorías socialmente construidas como son la clase, etnia, edad, orientación sexual, etc., y su interacción, permitiría avanzar hacia una verdadera igual de género “sin dejar a nadie atrás[3]”.

Autora: Paulina González Martínez

Twitter: @paugoma

Candidata a doctora en Desarrollo Internacional y maestra en Desarrollo Internacional y Medio Ambiente por la Universidad de Edimburgo. Cuenta con más de quince de años de experiencia profesional en el sector público mexicano y, actualmente, es coordinadora de desarrollo, cambio climático y género en Gender Issues.

Referencias:

  • Dugaroa, E. (n.d.). Gender Equality as an Accelerator for Achieving the Sustainable Development Goals. 91.
  • Figueres, C., and T. Rivett-Carnac. (2020). Surviving the Climate Crisis. New York, NY: Alfred A. Knopf.
  • Meikle, M., Wilson, J., Jafry, T., (2016). Climate justice: Between mammon and mother earth. International Journal of Climate Change Strategies and Management 8, 488–504.
  • Perkins, P. (2018). Climate justice, gender and intersectionality. En Jafry, T. (Eds.), Routledge Handbook of Climate Justice (pp. 349-358) (1st ed.). Routledge.
  • https://unsdg.un.org/es/2030-agenda/universal-values/leave-no-one-behind

[1]Ambos considerados personajes fundamentales en la construcción del Acuerdo de Paris: Figueres fungió como Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2010 a 2016. Rivett-Carnac se unió al equipo de Figueres en 2013 como Asesor Político. Fundadores de la organización Global Optimisim, para más información: https://globaloptimism.com/

[2] Traduccion propia.

[3] No Dejar a Nadie Atrás es la promesa central y transformadora de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible.

Ser Mamá Godín en México es un problema público

Ser madre trabajadora en México es un problema público. Desde hace casi cuatro años a través de Mamá Godín® hago visibles los retos que enfrentamos las madres trabajadoras en el país.

No, no eres tú, no es que te falte organización o que no has sabido combinar tu rol de crianza y de trabajadora.

Existe una falta de perspectiva de género en las políticas públicas mexicanas para garantizar el acceso, permanencia y desarrollo de las madres trabajadoras en el país. Por ejemplo, la Ley Federal de Trabajo otorga ochenta y cuatro días de incapacidad por maternidad a las mujeres, mientras que a los hombres (y eso a partir de 2017) solamente otorga cinco días por nacimiento de hijas o hijos. Esta política refuerza la desigualdad en el acceso a posiciones de liderazgo y permanencia en los centros de trabajo para las mujeres.

De acuerdo con la ENOE 2018 (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo), de los sesenta y un millones de mujeres en México, somos quince millones de madres trabajadoras. La maternidad “marca el término de la trayectoria educativa y/o laboral” (ONUMujeres, 2019).

Por quince años he participado en el desarrollo económico y productivo del país desde el sector privado y soy madre trabajadora desde hace ocho años. Soy especialista en política pública y trabajo en la solución de problemas públicos a través de alianzas entre sectores.

Las empresas (tal vez por desconocimiento) pueden reproducir violencias estructurales sobre las madres trabajadoras, hacer visible este reto se ha convertido en mi bandera de acción, algunas marcas me confunden con bloguera por mi actividad en las redes, me defino como activista feminista, dialogo constantemente con gobierno, sector social y empresas sobre este tema.

Sí, hay un sesgo en las políticas públicas en esta área de acción, afortunadamente hay empresas que están brindando oportunidades a mujeres y hombres sin importar su momento de vida.

La necesidad de ofrecer a las empresas pequeñas, medianas y grandes la oportunidad de tener un señalamiento para igualar prestaciones por maternidad y paternidad, fue mi inspiración para escribir el cuestionario del Ranking Mamá Godín® 2020, mi propuesta es pionera en nuestro territorio. Milenio Diario confió en mi ejercicio y me brindó la plataforma para publicar a las organizaciones ganadoras que voluntariamente decidieron someterse a mi evaluación.

Ser parte de la lista de las mejores empresas para trabajar de Mamá Godín® es un distintivo para atraer talento y posicionar a las marcas como empleadoras que promueven la diversidad e inclusión.

Recibí un total de cuarenta y seis aplicaciones para la categoría de empresas grandes, sólo diez consiguieron un lugar en la tabla de posiciones.

  • De las 42,996 plazas laborales que representan las organizaciones ganadoras del ranking Mamá Godín, sólo 11.9% están ocupadas por madres trabajadoras.
  • Las posiciones de mandos medios (supervisoras, jefas de departamento, gerentes, líderes de línea), sólo 2% están ocupadas por madres trabajadoras. (Ver tabla 1 en la sección de anexos para referencia).

Estos hallazgos pueden implicar una correlación maternidad – abandono de trabajo. Es una radiografía de la situación de las madres mexicanas trabajadoras.

Ofrecer cinco días desde la Ley Federal del Trabajo por concepto de paternidad a los hombres, refuerza los sesgos de género desde los centros de trabajo y reproduce violencias estructurales, la falta de políticas públicas obliga a las mujeres a salir de sus roles formales al no contar con prestaciones para ejercer la maternidad y el trabajo fuera de casa. Esta brecha de desigualdad fomenta el no acceso de oportunidades a las mujeres para ejercer roles de liderazgo en pequeñas, medianas o grandes empresas privadas. Las empresas privadas aquí juegan un rol crucial, pueden convertirse en grandes aliadas para reducir estas desigualdades y ofrecer prestaciones sin género.

Señalar a las organizaciones que ofrecen prestaciones sin distinción de género a madres y padres, (léase también familias homoparentales, trans y lesbomaternales) puede fomentar el principio de igualdad en la familia, mujeres y hombres deben participar en la crianza de las hijas y/o hijos sin tener que sacrificar su desarrollo profesional y además adoptar las prácticas que recomiendo en el ranking puede contribuir a robustecer la reputación corporativa de las marcas.

La siguiente convocatoria para el ranking se publicará en marzo 2021.

Fuentes:

INEGI. RESULTADOS DE LA ENCUESTA NACIONAL DE OCUPACIÓN Y EMPLEO1. Cifras durante el segundo trimestre de 2018. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2018/enoe_ie/enoe_ie2018_08.pdf

ONU Mujeres, Colegio de México. El Progreso de las Mujeres en el Mundo 2019-2020. Familias en un mundo cambiante. https://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20mexico/documentos/publicaciones/2019/familias%20en%20un%20mundo%20cambiante%20%20mexico%20webvf.pdf?la=es&vs=5220

MILENIO DIARIO. Las mejores empresas para trabajar: Mamá Godín. https://www.milenio.com/sustentable/mama-godin-ranking-mejores-empresas-mexico

ANEXO

Tabla 1.

Elaboración propia, con datos del ranking de Mamá Godín® y Milenio Diario 2020.

*El lugar de las empresas en esta tabla, no corresponde a los resultados publicados en la nota del 11 de mayo 2020.

Autora:

Aideé Zamorano, es conocida en redes sociales como Mamá Godín®, desde 2016 coloca en la agenda pública los retos en el mundo laboral que impiden generar igualdad de oportunidades para las mujeres en organizaciones públicas y privadas.

Cuenta con estudios en identificación de las violencias, género y protección civil. Está concluyendo la maestría en administración pública y política pública, con una tesis sobre resiliencia energética. Es egresada de la licenciatura en ciencias de la comunicación por el Tecnológico de Monterrey y dirige un área de sustentabilidad en la industria financiera.

Mamá Godín®

Sitio web: www.mamagodin.mx

Twitter: @soymamagodin

NO ES PAZ, ES SILENCIO

Hoy más que nunca, frente a esta pandemia, se hace evidente que estamos interconectadas e interconectados. Es momento de armar red, de reaprender y contenernos lxs unxs a lxs otrxs, de identificarnos con lo que nos une como seres humanos y no con lo que nos separa.

De acuerdo con ONU Mujeres, en la mayoría de los países que cuentan con datos al respecto, menos del 40 por ciento de las mujeres que sufren violencia buscan algún tipo de ayuda. Entre las mujeres que lo hacen, la mayoría recurre a la familia y a amistades, y muy pocas confían en instituciones y mecanismos oficiales, como la policía o los servicios de salud. Menos del 10 por ciento de aquellas mujeres que buscaron ayuda tras haber sufrido un acto de violencia lo hicieron recurriendo a la policía. Asimismo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) de 2019, solo 6.3% de las mujeres y niñas violentadas denuncian en México.

Las mujeres y niñas violentadas son muy vulnerables porque su voluntad se ve anulada y necesitan de apoyo externo para poder abrirse al camino de la denuncia y poner fin a la relación con su agresor. Es así como muchas mujeres no reconocen ni son conscientes que está siendo violentadas (“me pega normal”), y a este escenario se suma la normalización de la violencia contra las mujeres y niñas, y la subestimación de sus dimensiones e impactos (como el dicho popular: “esa es la cruz que escogiste, ahora aguántate”), saberes representativos de los contextos históricos y culturales de las sociedad, que se ve reflejada en la actuación tanto de las instituciones de atención/apoyo como de amigxs o familiares de la víctima, generándose así una cultura de impunidad no sólo legal e institucional, sino también social.

Entonces pues, uno de los primeros pasos para trabajar la violencia contra mujeres es que éstas tomen conciencia de están siendo violentadas y de que eso no es normal. Una red de apoyo puede empoderar a una mujer desde el cuidado, la compañía, y el saber compartido con otras personas. Ante este contexto, la persona que ejerce violencia no ve a la mujer tan vulnerable ni sola y, por esto, muchas veces regula sus acciones.

Espacios de mujeres construidos a través de la metodología de círculos de paz juegan un papel de suma relevancia en este proceso, uno de sus elementos transformadores es que las mujeres puedan mirar hacia adentro y conectar con sus sentimientos y sus necesidades, en compañía de otras mujeres, en condición de igualdad y equilibrio, sintiendo así su fuerza y apoyo, y fungiendo muchas veces este espacio hasta como hogar transitorio de acogida para una mujer violentada. Esta metodología ha demostrado que el trabajo en red desde las comunidades, a partir del diálogo, permite la consolidación, recuperación o transformación de prácticas de convivencia pacífica en la cotidianidad de las poblaciones.

En este espacio seguro para el diálogo y la escucha activa, bajo un esquema de construcción conjunta de valores, las mujeres reconocen su voz y reconstruyen su autoestima, pueden compartir sin miedo y en un ambiente de respeto, testimonios, intercambiar ideas, sanar y desarrollar resiliencia, al mismo tiempo que se sienten vistas, escuchadas, reconocidas y aceptadas al momento de decir su verdad, pues descubren que su historia se refleja en las historias de otras (más allá del camino que han transitado, edad, origen étnico, nivel socioeconómico), se evidencian los discursos y prácticas que sustentan la violencia, asumiendo así que no son las únicas, dejan de estar solas y de sentirse juzgadas unas de otras.

El círculo de paz entre mujeres implica el desarrollo de competencias más allá del saber, pues se logra el fortalecimiento del ser y hacer individual y colectivo. Se crea un ambiente que protege y propicia dinámicas que facilitan la transformación de cada una de las mujeres que forman parte del círculo, pues se nutren de la riqueza de la vivencia colectiva de ser mujer, y permite que las integrantes cultiven su voz y mirada amorosa hacia todo su ser, en especial aquellas partes que habían quedado en la sombra o habían sido silenciadas.

Siento y considero que, en este momento complejo y desafiante, si no logramos descifrar cómo relacionarnos, cultivar el cuidado y la interconexión, seguiremos padeciendo un mundo donde predomina la violencia, la dominación, la falta de solidaridad, la represión de emociones; y donde se deja de lado la evolución, la empatía, la colaboración, el sentido de comunidad, justicia y amor. La transformación interna está profundamente interrelacionada con el cambio social. ¿Cuál será tu actuar en la construcción de una comunidad más igualitaria, de paz y que garantice un mundo libre de violencia para todas y todos?

Autora: Gardenia Lemmen-Meyer Valero

VOLVER A LO BÁSICO

Hace varias décadas empezó a utilizarse la perspectiva de género como herramienta para la identificación de asimetrías entre los géneros, consecuencia de construcciones sociales y culturales en torno a ellos, con la finalidad de actuar en consecuencia implementando medidas que corrijan las desigualdades.

En tiempos más recientes se ha hablado de otras perspectivas para identificar asimetrías, por ejemplo, la de derechos humanos y la antidiscriminatoria. En cuanto a la primera, se ha dicho que implica colocar en el centro de toda decisión el respeto a los derechos humanos (aún cuando se piense que nada tiene que ver), así como reconocer la existencia de grupos en desventaja, en cuyos casos se deberá decidir sobre caminos que modifiquen dicha situación; por su parte, la perspectiva antidiscriminatoria tiene como finalidad, de forma similar a la perspectiva de derechos humanos, reconocer a los grupos históricamente discriminados para darles un trato diferente, con el objeto de compensar la desigualdad de la que han sido objeto. Una de las diferencias más importantes entre ambas perspectivas es que la antidiscriminatoria hace especial énfasis en el reconocimiento de la discriminación como problema estructural, por lo que exige que las medidas que se tomen tiendan a transformar sistemas completos para volverlos igualitarios.

También ha habido otro tipo de perspectivas enfocadas principalmente en visibilizar diferencias, como lo es la perspectiva intercultural o de la niñez. La primera implica reconocer la pluralidad de las culturas y la igualdad entre ellas, por lo que aquellas medidas que impliquen imponer una cultura sobre otra deben erradicarse; por su parte, la perspectiva de la niñez supone reconocer a las niñas y los niños como sujetos de derechos, y visibilizar su situación de vulnerabilidad para implementar medidas que les protejan y compensen dicha situación.

Aunque las perspectivas buscan atraer la atención a cierto aspecto a la hora de la toma de decisiones (el género, los derechos humanos, los grupos desaventajados o las niñas y los niños), de fondo todas tienen el mismo fin: identificación y atención a las diferencias importantes y contrarrestar efectos que produzcan desigualdad.

En innumerables ocasiones se ha dicho que la igualdad no es solamente dar un “trato igual a las personas”, sino que, si se toma en serio, es un principio complejo y poliédrico que conlleva una ardua tarea de Estado, que terminará solo cuando las condiciones sociales y económicas permitan a todas las personas ejercer plenamente sus derechos.

Para ello se requiere que todas las autoridades, ya sea que se trate de los Poderes Judicial, Legislativo, Ejecutivo o de los Órganos Autónomos, tomen en cuenta que sus decisiones tendrán efectos diferenciados en los grupos poblacionales, pues todos se encuentran en situaciones sociales y económicas diferentes, debiendo analizar a fondo cada decisión para preferir aquellas que no ensanchen la brecha de desigualdad, tengan menos impactos negativos para los grupos en desventaja, o bien, en el mejor de los casos, tengan impactos compensadores (por ejemplo, cuando se opta por alguna acción afirmativa).

La igualdad, como lo ha dicho el constitucionalista Javier Pérez Royo, no es un principio de orden, sino todo lo contrario, porque el orden, naturalmente, supone segmentar, jerarquizar o permitir que “el ser más fuerte se imponga sobre el más débil”.[1] En cambio, la igualdad implica “desordenar” ese orden dado gracias a inercias sociales, identificando plenamente las diferencias y dándoles el mismo valor, o bien, eliminando las desigualdades que esas diferencias ocasionan. En ese sentido ¿no son las perspectivas otra cosa que tomarse en serio la igualdad?


[1] Pérez Javier, Curso de Derecho Constitucional, Marcial Pons, 2016

Autora: Ana Claudia Martínez Coutigno, Maestra en Derecho Internacional y Especialista en Políticas Públicas y Género

Twitter: @AnaClau89

¿Cómo puedo ser un mejor aliado en la lucha feminista?

El presente texto es algo que escribí basado en mi experiencia personal, en lo que he leído sobre feminismo y está dirigido de manera especial a aquellos que se identifican como hombres, sobre todo aquellos que tienen algunas dudas sobre su rol en el movimiento feminista. En ese sentido, me gustaría puntualizar que este texto contiene ideas sobre mi propio proceso de deconstrucción y de aprendizaje; sin embargo, hay que tomar en cuenta que el rol de los hombres en el movimiento feminista, dependerá del feminismo desde el cual se analice. 

  1. ¿Cómo puedo demostrarles a las mujeres que me rodean que soy un aliado y no una amenaza?

R= Primero que nada es importante decirles que claro que nos interesa saber que contamos con ustedes, que son aliados nuestros; sin embargo, nos interesa verlo en sus acciones del día a día. No necesitamos un recordatorio incesante de “¡soy aliado, soy aliado!”

Una vez un amigo me dijo: “¿Pero no es mejor un hombre protagonista, que quiere llamar la atención que uno no que no hace nada?”. La respuesta es sencilla: NO. Esta es una lucha por un grupo que ha sufrido discriminación por muchos siglos y querer tener la voz protagónica en este movimiento es aprovechar inconscientemente ese privilegio que tienes por el simple hecho de ser varón y saber que tu voz tiene más peso y más alcance por ser hombre.

Sabemos que es incómodo, pero es sólo saliendo de la zona de confort que realmente damos un paso adelante.En un par de puntos les propongo lo que para mí es lo más importante y con lo que pienso que podemos comenzar:

  • Callar y leer.

Los primeros pasos para entender en qué puedes mejorar son: callar, leer, escuchar e informarte. Muchos hombres quieren que seamos nosotras las que les expliquemos el feminismo y considero que en la era de la información a un click de distancia, es ridículo pensar que es nuestra obligación educarlos, pero sin duda, algunas estamos abiertas al diálogo. No es, como una vez alguien me dijo: “una cuestión de percepciones”; el patriarcado es lo que es y todos tenemos formas para tirarlo, entendamos cuáles nos tocan.

  • Definir correctamente el término feminismo.

No es “arriba las mujeres, abajo los hombres”, eso es misandria (aversión a los hombres, contraparte de machismo). Haciendo esta redacción me pasó lo de siempre, queriendo buscar una mejor definición para no perder la atención del lector o del oyente, me encuentro con lo habitual: los mejores discursos feministas no tienen una sola definición contemplada en un enunciado breve. Siendo franca, me gusta hacer referencia al libro (o si prefieren pueden verla en esta Ted Talk hacer un increíble resumen)  de la autora nigeriana, Chimamanda Ngozi: “Todos deberíamos ser feministas”. Comenta que feminista es todo aquel hombre o mujer que dice: “Sí, hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas.” ¿Por qué? Porque no se necesitan cientos de artículos académicos para entender la violencia de género, pero sí se necesita mucho valor para querer incomodar al patriarcado y romper con esos hábitos.

  • Entender el significado de consentimiento sexual y lo que implica.

Recordemos que consentimiento significa, definición estricta de la RAE, manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la que un sujeto se vincula jurídicamente; esto es obvio una perspectiva legal. Para la definición de consentimiento sexual es importante resaltar el término voluntad, ya que muchas veces olvidamos que, aún existiendo una afirmación o negación al involucramiento en una relación o actividad sexual, puede o no haber voluntad o deseo de participar en ella; es decir, para que haya consentimiento en la plena extensión de la palabra, debe haber voluntad o deseo.

El consentimiento sexual se ve hoy en día, desgraciadamente, como una responsabilidad unilateral y femenina de expresarle correcta y asertivamente al sexo opuesto (comúnmente) que está de acuerdo o no en lo que sigue. Aunque la definición implica manifestación tácita, no sólo no consideramos del mismo modo al lenguaje corporal o la no respuesta, sino que tampoco consideramos los contextos sociales, políticos y económicos en los que la víctima se ve inmersa. Ejemplo: una mujer es presionada por su jefe en el trabajo a tocarlo o a tener una relación sexual con ella, ella dice “sí” pero en realidad no quería y se vio obligada debido al temor a ser despedida u otras represalias. Es vital mencionar que a la par de analizar todas estas variables, no debemos asumir, debemos tener en cuenta que la persona en cuestión debería poseer el uso pleno de sus facultades para tomar decisiones.

Existe un artículo que recomiendo ampliamente sobre el consentimiento sexual para meternos más a profundidad en este tema tan importante que involucra la educación de todes.

Hago especial mención a esto porque hay que enfatizar la importancia del tema. Incluso en el supuesto que estemos hablando de una relación de tiempo, de confianza, si tu pareja decide antes, durante o después que ya no quiere, debes respetar esa decisión. Incluso en un noviazgo o en un matrimonio, el consentimiento sexual es básico. En México fue hasta 1997 que se tipificó el delito de violación entre cónyuges. A la fecha, hay personas que creen erróneamente que, por tratarse de un matrimonio, el consentimiento está implícito y las actividades sexuales están confirmadas de facto.

Otra cuestión son los famosos grupos de chats donde mandan fotos de una mujer, generalmente desnuda o casi desnuda, sin su consentimiento a una red que ella no autorizó. Permitir que esto pase porque “son tus amigos de toda la vida” o porque “para qué me meto en problemas” es formar parte del problema. El silencio es cómodo.

Recordemos que ya son 18 estados en nuestro país que tienen aprobada la Ley Olimpia, que en pocas palabras son un conjunto de reformas mediante las cuales se reconoce a la violencia digital como delito; estableciendo sanciones económicas o años de cárcel por ello. Compartir contenidos sin previo consentimiento de la persona involucrada no es sólo mal intencionado, sino que además es delito.

Sean nuestros aliados y pongan un alto. Todas las mujeres merecen tu respeto por igual, no tiene que ser tu amiga o tu hermana para respetarla. Si ella se lo mandó a alguien, ella lo hace con toda la confianza que es para el goce sexual de ambos y no del grupo de amigos al que ya lo enviaron. Si una mujer (aunque a decir verdad, cualquier persona) sube a Instagram, Facebook, red social que gusten, una foto con poca ropa o desnuda, es SU red social y tiene todo el derecho a usarla como a ella le plazca, pero si ella nunca autorizó que la compartieran por todos lados, entonces NO lo hagas.

Muchos asumen que, si lo hace, “se lo buscó”, “she’s asking for it”. No, nadie está pidiendo nada, respeta la privacidad y busca enfrentar a aquelles que no lo estén haciendo.

  • Entender cuáles son esos machismos cotidianos o comúnmente llamados “micro machismos”, aunque nada tienen de micro.

Esto es vital porque no tenemos que llegar al asesinato, al estupro, la violación para ser considerada una acción machista. En el día a día enfrentamos muchas actitudes que perpetúan y normalizan el discurso machista del país. Ejemplo: “seguro está en sus días, ya está de intensa”, “es mujer, habla mucho”, “maneja mal, seguro es vieja”, “las viejas se reúnen para chismear”, “que sexy, le gustan los deportes, eso no es normal en una mujer”, “una mujer no debería hablar con groserías”.

Durante la pandemia que estamos viviendo, algo que comúnmente se ha mencionado es cómo los hombres deberían estar “ayudando” con las labores del hogar. No es “ayudar”, no son las tareas domésticas labores únicas de la mujer. Ayudar implica que aquello de lo que se está hablando es obligación de alguien más, en este caso de las mujeres, porque de alguna manera es asunto de ella y tú sólo ofreces tu apoyo. Vives ahí, lo que pase o deje de pasar impacta tu vida y la de las personas con las compartas ese techo. En ese sentido, las labores domésticas no son ajenas a ti, son tu obligación también como hombre.

Otro ejemplo es asumir que una mujer es muy o más emocional que un hombre, asumir que una mujer debe estar siempre en forma, asumir que a una mujer necesariamente le interesa tener hijos, asumir que una mujer debe ser cálida e incondicional para escucharte y aconsejarte. Podríamos seguir; sin embargo, considero que es muy importante en este proceso de deconstrucción, ser curiosos y dudar de todo lo que hacemos, rodearnos de gente que nos rete a crecer.

Siempre con respeto y con ganas de aprender, nunca cayendo en el mansplaining (necesidad de querer explicarle a una mujer, aun si habértelo solicitado, desde un punto de superioridad).

Recomiendo ampliamente el libro de Eréndira Derbez y Claudia de la Garza titulado “No son micro. Machismos cotidianos”.

2. Aunque no me considero un “macho” o un hombre machista, probablemente tengo comportamientos que calificarían como machistas, ¿en qué debería fijarme para evitarlos?

R= No ser macho implica un proceso enorme de deconstrucción que conlleva cuestionarse e informarse mucho. Rodéense de personas que los reten, abran la discusión con sus amigxs sin importar el qué dirán, reten también a sus conocidos o amigos a romper con el machismo, alcen la voz cuando perciban actitudes machistas, rompan el pacto patriarcal.

Pregunten a las mujeres con las que se relacionan qué cosas sufren a diario, si alguna actitud o acción tuya las ha incomodado, pregunten cómo pueden ayudar. Un elemento muy importante es escuchar, todas tenemos algo que decir.

Ningún cambio en la historia de la humanidad viene de la comodidad.

Recientemente un amigo me dijo “algo criticable al movimiento es que no nos dan un modelo a seguir, un modelo de ser hombre.” Siento mucho ser portadora de malas noticias, pero no sólo no vinimos a educarlos y hacer el trabajo que les corresponde, sino que además sería hipócrita de nuestra parte definir UN modelo de hombre correcto. Nos quejamos de cómo el patriarcado busca meter en una sola definición a todas las mujeres, pero ¿queremos hacer eso con ustedes? No.

3. Si soy padre de familia, ¿cómo debería explicarle a mis hijos varones lo que está ocurriendo y el rol que como hombres jugamos en todo esto?

R= Si bien quiero empezar diciendo que no soy madre, considero que hay varias cosas por cambiar en la crianza, específicamente en el caso de México.Las y los niños aprenden y absorben con el ejemplo de quien los cría. Se educa a las niñas y niños a tener modales, pero el mejor ejemplo es el que ustedes como tutoras/res pueden brindarles.

Si a ustedes las/los ven desde el inicio fomentando división de labores de manera desigual e injusta, ellos/ellas van a crecer con esa naturalidad. Otro aspecto vital del machismo en México, es la enseñanza con la crecen los hombres sobre no expresar sus sentimientos/emociones porque eso es una característica histórica exclusiva de las niñas. Hay que buscar entonces que ustedes como hombres hablen de sus emociones, abracen, lloren, pidan ayuda para que, en consecuencia, la o el niño crezca sin esas limitaciones.

No perpetuemos estereotipos de género, no asignemos a nuestrxs hijxs un color, juguete o determinadas actividades sólo porque nacieron con un determinado sexo. No las y los encasillemos.

Hablando de hijos varones mayores, me gustaría hablar sobre un ejemplo particular: el matrimonio (que bajo ninguna circunstancia quiero perpetuar la idea de que en la vida es una obligación o una meta final forzosa, es y debe ser sólo si ambas personas así lo desean y hasta que lo sigan deseando). Quiero mencionar al matrimonio porque considero que hay una fuerte idea, al menos en México, de que la responsabilidad de mantener (económicamente) una familia recae solamente en los hombres.

Cuando tomé la decisión de casarme, nunca voy a olvidar a mi padre diciéndole a mi novio, ahora marido, que ahora él era el que veía por la nueva familia que estábamos creando y que era su responsabilidad que todo estuviera en orden. Sé que mi papá no lo hizo con ninguna mala intención, pero el machismo permea y eso se podría ver como algo “normal”, cuando en realidad es otra parte del patriarcado tóxico. En nuestra nueva familia, mi pareja y yo hemos decidido que somos los dos, responsables de lo que pase.

Asimismo, enséñenles a sus hijos/as que la salud sexual es responsabilidad de todas las partes involucradas, no sólo la mujer debe revisarse con el/la doctor(a), ni comprar preservativos o tomarse el anticonceptivo. La responsabilidad es de todxs y las consecuencias también.

No puedo repetirlo lo suficiente: sean el ejemplo de lo que creen que es correcto y lo van a transmitir siendo padres y madres presentes. Sobre esto último, quiero enfatizar que para que padres y madres puedan estar presentes, se requieren reformas legislativas y políticas públicas para fomentar y hacer efectiva la corresponsabilidad de ambos tutores en el cuidado de las hijas e hijos.

Por último, pero no menos importante, no por ser aliados constantes, deban esperar un aplauso de las feministas, hacer lo que les corresponde no significa que deba haber una ovación.

4. ¿Cómo le muestro solidaridad a una mujer que ha sufrido de acoso o abuso sin sonar como “el caballero que viene a rescatar a la doncella” y con eso perpetuar los roles de género que nos trajeron hasta aquí?

R= Es un tema sumamente delicado y creo que primero que nada, no deben dudar de su testimonio o revictimizarla haciendo preguntas que de alguna manera la hagan a ella la culpable por la ropa que traía, la hora, el lugar, su relación con el atacante, etc. Segundo, ofrécele tu mano para apoyarla en acercarse a las instancias gubernamentales correspondientes (en caso de no haberlo hecho y si es que ella así lo desea) o a la ayuda profesional que sea mejor. Es un tema muy sensible y dar una opinión puede causar muchos estragos. No necesitamos que nadie “nos salve”, necesitamos que no nos acosen y que no nos violenten. Sí necesitamos que estén dispuestos a ser confrontados con nuestras preguntas y que quieran leer y aprender.

5. Quiero hablar sobre esto con mis hermanos, colegas del trabajo, amigos, etc. ¿Cómo puedo explicarles lo que es el feminismo (y lo que no es)?

R= De nuevo, el feminismo no es sólo una definición de la RAE o de la autora o autor que más prefieran. Es la suma de lectura tras lectura, de debate tras debate. Es sacar a relucir las claras diferencias que cada género tiene y cómo impacta negativamente en las vidas de todos.

Van a salir los que digan “ay, no somos todos los hombres”. Hay que hacer hincapié en la obviedad de que efectivamente no todos lo son, pero decirlo es restarle gravedad, es negar que han sido las mujeres las que hemos sido excluidas por siglos, es negar que no existe la violencia y que, en México, por lo menos 10 mujeres son asesinadas cada día por el hecho de ser mujeres.

¿Qué buscamos? Buscamos tener certeza de que saldremos a la calle y regresaremos con vida, buscamos no tener que pensar en qué vestimenta tendremos que usar según el transporte que vayamos a utilizar por el miedo a ser acosadas, buscamos tener igualdad de oportunidades laborales donde garanticen el mismo sueldo por el mismo desempeño, buscamos que no abusen de nosotras, buscamos que no vean nuestros cuerpos como objetos para su placer, buscamos apertura para hablar sin que nos callen, que nos dejen contar nuestras historias sin llamarnos “intensas”, buscamos que dejen de asumir que somos las encargadas del hogar, buscamos ser las dueñas de nuestros cuerpos y lo que decidamos hacer con ellos.

No es un movimiento que busca aplastar y quitarles sus derechos a los hombres, tampoco es un movimiento que tenga aversión por los hombres, eso es misandria.

En conclusión, el valor real de un aliado radica en lo mucho o poco que esté dispuesto a cuestionarse a sí mismo y a los demás. El no quedarse callado cuando sabes que algo está mal por temor a incomodar. Esto no es un tema banal, nos están asesinando y urge debatir hasta el cansancio cómo hemos llegado hasta acá.

Escrito por: Daniella Gurría García

Twitter: @DaniellaGu_